Envidar

Invitación, Pere Ysern, 1904

Invitación, Pere Ysern, 1904

envidar. Cat. Envidar
(Del lat. invitāre).
1. tr. Hacer envite en el juego.
2. tr. ant. invitar.
~ de, o en, falso.
1. locs. verbs. envidar con poco juego, con la esperanza de que el contrario no admita.
2. locs. verbs. Convidar a alguien con algo, deseando que no lo acepte.

Me aburre enormemente describir

Fotografía extraída del País

Fotografía extraída del País

«Me aburre enormemente —dice— describir. Creo que las cosas pueden ser mucho mejor cuando son imaginadas por cada lector a partir de la acción de los personajes [...] Y si se llega a ver al personaje a través de su conducta y de su voz, para qué molestarse en hacer lo que hacían los escritores del pasado: “entró fulanito, de estatura mediana, su cabeza coronada de bellos cabellos, etc.”. Lo considero completamente inútil.»

 Conversaciones con Cortázar, Ernesto González Bermejo, pp 111-112

El decálogo de la novela policíaca, según Raymond Chandler

Author Raymond Chandler in His Study

1. La situación inicial y el desenlace deben tener unas motivaciones verosímiles.
2. No deben cometerse errores técnicos respecto a los métodos del crimen y de la investigación.
3. Los personajes, el ambiente y la atmósfera deben ser realistas. Hay que referirse a personas reales en un mundo real.
4. Además del elemento de misterio, la intriga debe tener un cierto peso en tanto que argumento.
5. La sencillez fundamental de la estructura debe ser suficiente como para admitir una fácil explicación cuando el momento lo exija.
6. La solución del misterio no debe escapar a un lector razonablemente inteligente.
7. Cuando se revela la solución, esta debe parecer inevitable.
8. La novela policíaca no debe intentar hacerlo todo a la vez. Si se trata de la historia de un enigma que funciona a un nivel mental elevado, no podemos convertirla también en una aventura violenta o apasionada.
9. Es preciso que de una manera u otra, y no necesariamente a través de los tribunales de justicia, el criminal reciba su castigo.
10. Es necesaria una cierta honestidad con el lector. El lector acepta que lo engañen, pero no con una tontería.

 Raymond Chandler, Apuntes sobre la novela policíaca (1949).

Autobiografía de Antonio Di Benedetto

Antonio Di Benedetto (2 de noviembre de 1922, Mendoza - 10 de octubre de 1986, Buenos Aires)

Antonio Di Benedetto (2 de noviembre de 1922, Mendoza – 10 de octubre de 1986, Buenos Aires)

“He leído y he escrito. Más leo que escribo, como es natural; leo mejor que escribo.
He viajado. Preferiría que mis libros viajen más que yo. He trabajado, trabajo.
Carezco de bienes materiales (excepto la vivienda que tendré).
Una vez, por algo que escribí, gané un premio, y después otro y después…hasta 10 de literatura, uno de periodismo y uno de argumentos de cine. Una vez tuve una beca que me dio el Gobierno de Francia, y pude estudiar algo en París.
Un tiempo quise ser abogado y no me quedé en querer serlo, estudié mucho, aunque nunca lo suficiente.
Después quise ser periodista. Conseguí ser periodista. Persevero.
Un tiempo anduve de corresponsal extranjero (por ejemplo, revolución de Bolivia, la que llevó al poder a René Barrientos).
Yo quería escribir para el cine. Pero en general no soy más que un espectador de cine, y también periodista de cine. Una vez fui al Festival de Berlín, y otra al de Cannes, y otra a Hollywood el día de los Oscars, y otra… Bueno, en el Festival de Mar del Plata una vez me pusieron en el Jurado Internacional de la Crítica.
Soy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires.
Nací el Día de los Muertos del año 22.
Música, para mí, la de Bach y la de Beethoven. Y el “cante jondo”.
Bailar no sé, nadar no sé, beber sí se. Auto no tengo.
Prefiero la noche. Prefiero el silencio”.

Autobiografía de Antonio Di Benedetto,
escrita en 1968

Impacto de Lolita

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¿Cuál fue su percepción del impacto que causó Lolita en los Estados Unidos, cuando se publicó en 1958?

Contrariamente a lo que ocurrió en Inglaterra, en el Nuevo Mundo no prohibieron Lolita, y Estados Unidos resultó ser menos mojigatos que sus parientes europeos. Pero el diminutivo «Lolita» se metamorfoseó pronto en un despliegue de arquetipos vulgares: sobrenombres, chicas de revista, jovencitas afectadas. Y quedé completamente perplejo cuando vi a una niñita que, al parecer, se había disfrazado de Lolita la noche de Halloween, llena de lazos y con unas bragas minúsculas. Por otra parte, .recuerdo que los habitantes de Lolita, un pueblecito de texas, consideraron la posibilidad de cambiar el nombre de su ciudad por el de Jackson.

El encantador. Nabokov y la felicidad,Lila Azam Zanganeh,  pag. 123

Un chulo literario

Gregorio Martínez Sierra (Madrid; 1881 - íb.; 1 de octubre de 1947) y su primera mujer, María Lejárraga (San Millán de la Cogolla, La Rioja, 1874-Buenos Aires, 1974)

Gregorio Martínez Sierra (Madrid; 1881 – 1947) y su primera mujer, María Lejárraga (San Millán de la Cogolla, La Rioja, 1874-Buenos Aires, 1974)

Gregorio Martínez Sierra, en cambio, no parece que tuviera nunca el menor escrúpulo en firmar las obras que escribía su mujer. Curioso caso de chulesca explotación literaria.

 Días de 1989, José Luís García Martín, p.95