Grill-Room

Grill-Room, extreta de Studiof1.com, de Carlosk75

Grill-Room, extreta de Studiof1.com, de Carlosk75

El añejo modernismo del grill-room

Descrito en si inolvidable novela Vida Privada, y recordado apasionadamente en sus Memòries, Josep Maria de Sagarra concedió al Grill-Room el valor de local històrico. Restaurante, taberna, baile, bar modernista y muchas cosas más, el Grill-Room merece ser reivindicado como una de esas rarezas que el inexorable paso del tiempo no ha permitido conservar. Y no sólo por su sensacional decoración de gusto modernista, sino también por su alegre y sugestiva historia.

Una historia que comenzó en la embocadura del siglo XX, cuando un turinés llamado Flamino Mezzalama inauguró dos espectaculares y lujosos cafés. El café Torino más renombrado fue el situado en el Passeig de Gràcia número 18. Abrió sus puertas el 20 de septiembre de 1902, y su hermosa ornamentación corrió a cargo del prestigioso decorador Ricard Capmany. Su ubicación y fastuosidad atrajo enseguida bastante parroquia. Su terraza se animaba extraordinariamente en las mañanas domingueras, gracias sobre todo a los conciertos interpretados por la banda municipal.

Cafè Torino, manllevada del Barcelona en imatges

Cafè Torino, manllevada del Barcelona en imatges

Aquel mismo año se estableció en la calle Escudellers número 8, con puertas en la misma y en el pasaje de Escudellers, otro café Torino, decorado igualmente por Ricard Capmany. Su aspecto no presentaba la opulencia de su honónimo, pero aun así su estilo no desmerecía en absoluto. El 21 de octubre de 1916 el Café Torino se transformó en el Grill-Room.

Le cambió el nombre Pierre Porta, hombre bajito y rubio, mitad francés, mitad catalán, que con diversas alternativas presidió desde aquel instante los designios de la casa. El Grill Room estaba dividido en tres grandes dependencias: el bar, el entresuelo reservado,  con sus saloncitos privados,  y el restaurante propiamente dicho, que ocupaba lo que antiguamente era el comedor del café.

Se convirtió, de buenas a primeras, en un lugar de moda.  Las comidas y las cenas  estaban amenizadas por el trió musical Foros. La carta contenía platos de alta cocina francesa, inglesa o alemana: Rosbif Yorshire pudding a 1,75 pesetas; longe de veau bouquietère, al mismo precio. Acudía toda mezcla de gentes: desde los capitalistas de nuevo cuño a la modesta concurrencia del barrio, pasando por las putas sofisticadas y de mucho precio. Todo ese ambiente se completó, a partir de 1919, con las habituales visitas de las bailarinas inglesas  que triunfaban en las revistas del Principal Palace. Permanecía abierto toda la noche.

En este refinado y pintoresco restaurante trabajó como chef el húngaro Irven de Mónico, que utilizaba el nombre de Jack Urban, y que tiempo atrás gobernaba con destreza la barra del cabaret Excelsior. Hubo un momento que hablar de la vida nocturna barcelonesa y no mencionar el Grill-Room era algo así como un pecado. El Grill-Room llegó aser para los que amaban la buena cocina como el Villa Rosa, todavía superviviente el calle Arc del Teatre, para los que preferían la bebida.

Pierre Porta inauguraba el 19 de marzo de 1919 el café Palace, situado en la misma calle Escudellers número 35. En diciembre de 1924 se hacía cargo del cabaret La Buena Sombra, y dejaba el Grill Jaime Gibert. Terminada la guerra civil, el Grill-Room pasó a manos de la familia Bofarull. Descendió en elegancia, si bien mantuvo la nocturnidad, y arrastró durante años una lánguida existencia, para resucitar poco después su inicial popularidad. La energía de Ramon Bofarull Ferrer logró reanimar y fortalecer el jovial carácter que lo distinguió, aunque con un tono diametralmente opuesto.

Más que un restaurante era un bar, cuyo mayor aliciente era un baile que diariamente funcionaba en el interior del local. Unas puertas basculantes separaban una estancia de otra. La pequeña orquesta estaba integrada por Miret, el pianista; por una tal Sánchez, hombre completamente ciego, que tocaba el bombo, y por un violinista. De vez en cuando se les añadía un cuarto miembro con el acordeón bajo el brazo.

Las prostitutas empezaron a frecuentarlo. Entre las asiduas, destacaban dos hermanas gemelas mudas, que hacían la carrera a la par. Se trataba de dos atractivas muchachas que, aparte de que iban idénticamente vestidas, hablaban por señas. Estas peculiaridades las dotaron de un seductor erotismo, y al parecer disfrutaron de un completo éxito. Con el transcurrir de los años, el Grill-Room dejó de lado el baile y se dedicó de nuevo a la restauración. Y ahí continua enclavado, todavía vivo.

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