A propósito de plátanos y Evelyn Waugh por Enric González

La incertidumbre del poeta, Giorgio de Chirico, 1913

El escritor Evelyn Waugh era un hombre de mal carácter y escaso afecto hacia la infancia: «¿Niños y procreación? Un placer brevísimo, una postura ridícula y un gasto enorme». Su hijo, el también escritor Auberon Waugh, solía recordar una vieja anécdota para describir el carácter del padre. En 1943, cuando Auberon tenía tres años y el racionamiento bélico imponía una triste dieta inglesa en los hogares londinenses, la señora Waugh hizo el milagro de conseguir tres plátanos, uno para cada hijo. Auberon no había visto jamás esos apetitosos artefactos amarillos. Evelyn Waugh puso los tres plátanos en un plato. Los peló con cuchillo y tenedor. Los roció de crema. Espolvoreó un poco de azúcar. Los tres hermanitos salivaban esperando el reparto. Sin decir palabra, Evelyn Waugh los fue cortando a trocitos y se los comió, paladeando cada bocado. Luego se levantó de la mesa y se fue.

El artículo completo de Enric González: aquí

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