Lecturas obligatorias

Adolf Hitler, The Superman, Helmut Herzfelde, 1932

Uno de ellos se llamaba Adolf Hitler, autor de Mein Kampf, que era una de las lecturas obligatorias. El profesor de Alemán, Schmitz, un hombre de carácter seco, penetrante, ingenioso e irónico (demasiado seco incluso para hablar de muchos autores), se servía de los textos consagrados de este autor, Adolf Hitler, para explicarnos qué era una concentración textual, es decir, la concisión. Ésto significaba que debíamos comprimir en dos, y a ser posible en una y media, cuatro páginas del Mein Kampf, «condensar» aquel alemán nefando e intricado. Imagínense: condensar textos del Führer. (…). Todavía hoy me sorprende que nadie se percatara de la frivolidad de este ejercicio: ¡condensar los textos del Führer! Yo mismo tardé años en darme cuenta, en comprender todo su alcance, y más años aún para manifestar mi respeto y agradecimiento al profesor Karl Schmitz,

Pero, ¿qué será de este muchacho?, Heinrich Böll, p-49-50
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