La Savak, la sensibilidad a las alusiones

Un hombre arrestado por la Savak, 1979

Un hombre arrestado por la Savak, 1979

Este individuo era de la Savak y siempre hacía guardia en aquella parada: espiaba a la gente que, esperando el autobús, charlaba de cosas intrascendentes. El contenido de estas conversaciones siempre era trivial. La gente sólo podía hablar de cosas insignificantes, pero incluso al tratar asuntos insignificantes había que elegir el tema de tal manera que la policía no encontrara en él ninguna alusión significativa. La Savak era sensible a todas las alusiones. Un calurosísimo mediodía llegó a la parada un anciano enfermo de corazón y dijo suspirando profundamente: «Qué agobio, no se puede respirar.» «Sí, es verdad —siguió el savakista de guardia, acercándose al recién llegado—, el tiempo se vuelve cada vez más sofocante, a la gente le falta aire.» «Ciertamente —prosiguió el ingenuo anciano llevándose la mano al corazón— ¡este aire es tan pesado, este terrible bochorno!» En ese momento el savakista se puso rígido y dijo en tono seco: «En seguida recuperará usted las fuerzas.» Y sin añadir palabra se lo llevó al calabozo. La gente de la parada presenciaba la escena con horror porque desde el principio se había dado cuenta de que el anciano enfermo cometía un error imperdonable al usar la palabra sofocante al conversar con un extraño. La experiencia les había enseñado que debían evitar pronunciar en voz alta palabras como agobio, oscuridad, peso, abismo, trampilla, ciénaga, descomposición, jaula, rejas, cadena, mordaza, porra, bota, mentira, tornillo, bolsillo, pata, locura, y también verbos como tumbarse, asustarse, plantarse, perder (la cabeza), desfallecer, debilitarse, quedarse ciego, sordo, hundirse,  en incluso expresiones (que comienzan por el pronombre algo) como  algo no cuadra, algo no encaja, algo va mal, algo se romperá, porque todos estos sustantivos, verbos, adjetivos y pronombres podrían constituir una alusión al régimen del sha, por tanto era un campo semántico minado que bastaba pisar para saltar por los aires.

El Sha o la desmesura del poder, Ryszard Kapuscinski, p.62
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