Una caja de tornillos

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Al parecer nos vamos a la estación. ¿Y qué es lo que tenemos que transportar? Una carga de tornillos del tamaño de dos paquetes de cigarrillos.

Somos tan ingenuos que nos resulta incomprensible que para eso sean necesarios dieciocho hombres, más un guardia, más un remolque de cinco toneladas… Todavía no sabemos que a los prisioneros, a los guardias y al capo les está prohibido separarse ni un momento: una norma básica que rige para todos los comandos de trabajo externo.

De modo que nos ponemos a empujar el inmenso remolque con tan ligera carga chapoteando en el barro de la carretera que lleva a la estación para al rato regresar de nuevo. Poco a poco vamos perdiendo nuestra capacidad de raciocinio.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.115
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