Las tetas de Egipto

 Ostracon de la bailarina contorsionista del Museo Egipcio de Turín. Foto en A.M. DONADONI ROVIERI, Museo Egizio, Turín, 1999.

Ostracon de la bailarina contorsionista del Museo Egipcio de Turín. Foto en A.M. DONADONI ROVIERI, Museo Egizio, Turín, 1999.

No pude comprobar, ya que hablamos de Flaubert, algo que el autor de Una educación sentimental anotaba en una carta dirigida a su hermano y fechada en diciembre de 1849: «¡Ah, vaya si he visto tetas para ti! ¡Las he visto y requetevisto! Observación: las tetas de Egipto son muy puntiagudas, en forma de mamas, y no tienen nada de excitantes».
A Flaubert le sucede lo mismo que a todos los escritores que poseen un alma poética: sus refinados libros ocultan el alma de un animal salvaje. Por eso los hacemos nuestros.

Los caminos perdidos de África, Javier Reverte, p.408
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