Límite saludable de convivencia: tres horas

Julio Ramón Ribeyro con su hijo, Julito. París, 1983. Fotografía extraída del blog El dedo en la llaga

Julio Ramón Ribeyro con su hijo, Julito. París, 1983. Fotografía extraída del blog El dedo en la llaga

Sé por experiencia que no puedo soportar la presencia de una persona más de tres horas. Pasado este límite pierdo la lucidez, me embrutezco, las ideas se me ofuscan y al final o me irrito o quedo sumido en un profundo abatimiento. Estando con C., muchas veces, tuve que mantener artificialmente la atmósfera de cordialidad con unos cuantos vasos de vino. De otro modo hubiéramos terminado odiándonos sin pudor.

Tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.95
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