Formas de liberarse del tedio

Søren Kierkegaard, dibuix de Niels Christian Kierkegaard

Søren Kierkegaard, dibuix de Niels Christian Kierkegaard

Como dijo Kierkegaard, viajar, comenzar una guerra y cambiar de pareja nos libera del tedio.

 Cronicas de la Ultramodernidad, José Antonio Marina, p.81

Redactado de La gran enciclopedia Larousse

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«Porto de Ferrol» por Ramon Piñeiro – originally posted to Flickr as Puerto de Ferrol – 02 May 09. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 2.0 vía Wikimedia Commons.

 

«Fueron tiempos muy divertidos —recordaba Josep Termes—, aunque siempre procurábamos no pasarnos al redactar las entradas. Recuerdo que yo conseguí que Ferrol figurara sin el añadido de “del Caudillo” y como cuna de Concepción Arenal y Pablo Iglesias.»

Tiempo de editores, Xavier Moret, p.135

La revista Minotaure

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Minotaure està íntimament lligat al moviment surrealista. El primer número veu la llum el 25 de maig de 1933 i la portada és de Picasso. Altres artistes van fer després la seva particular interpretació d’aquell monstre posat de moda per Breton & Cia. Derain, Matisse, Miró, Magritte, Dalí van pintar també la coberta dels números successius.

Dalí parlat, Lluís Permanyer, p.58

Fotografía del escritor en las solapas

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Cuando observo mis fotografías de escritor en las solapas de mis libros o en entrevistas y pienso que quien las mira no soy yo sino alguien que nunca me ha visto y que sólo me conocerá por esas imágenes me doy cuenta de lo poco que transmiten, de su insignificancia y su traición, pobre figura tensa, ectoplasma deliberadamente insípido, fijación de lo móvil, negación de lo cambiante, trozo de hielo con el que se pretende representar la corriente impetuosa de un río.

 La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.411

Yo vivo con Picassos

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

«Yo vivo con Picassos», me dice, y se levanta. Atraviesa el salón y señala: «Aquí está este Picasso de 1912.» Es un pequeño bodegón cubista, un collage en el que Picasso ha integrado pintura, carboncillo, arena y trozos de papel sobre una superficie gris, casi sucia. «Es una obra muy importante. Del principio del cubismo.» Miquel tiene los ojos fijos en la pequeña obra, claramente cautivado. «Mira la sombra con la arena, y el collage y la madera pintada, la transparencia y la opacidad de la madera…» Sigue comentando los muchos detalles del pequeño cuadro y concluye: «Es una joya. Creo que es una obra maestra.» Sigue con la mirada fija en el bodegón. «El agujero…», dice en voz queda señalando un detalle más.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.193

Dientes de león

Pero hay otras cosas que se pueden comer.

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

En primer lugar, los dientes de león. No tienes más que arrancarlos —raíz incluida—, sacudirles la tierra y llevártelos directamente a la boca.

 Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.141

Clima ideal para dejar de pensar

La lámpara filosófica, René Magritte, 1936

La lámpara filosófica, René Magritte, 1936

En su libro Del Café Gijón a Ítaca escribe Manuel Vicent: “No comprendo cómo pudo haber en este lugar tantos filósofos por metro cuadrado, si aquí todo está hecho para no pensar en nada. El cielo de Anatolia reproduce el fulgor de la harina que convierte cualquier cerebro en miga de pan”

Corazón de Ulises, Javier Reverte, p.156

El viaje de Gautier

Théophile Gautier por Nadar (1856)

Théophile Gautier por Nadar (1856)

Había leído acerca del novelista francés Théophile Gautier, que en 1844 visitó el recientemente fundado Club des Hashischins, en una apartada esquina de la Île Saint-Louis. El hachís, en forma de pasta verdosa, había sido traído hacía poco de Argelia y hacía furor en París. En el salón, Gautier consumió un trozo considerable de hachís («casi del tamaño del pulgar»). Al principio no experimentó nada fuera de lo normal, pero de pronto, escribió, «todo parecía más grande, más rico, más espléndido», y luego ocurrieron más cambios específicos:

Un personaje enigmático se me apareció repentinamente. (…) tenía la nariz corva como el pico de un pájaro, unos ojos verdes rodeados de tres círculos oscuros, que enjugaba frecuentemente con un inmenso pañuelo, una corbata blanca almidonada en cuyo nudo había prendido una tarjeta de visita donde se leían las palabras: Daucus-Carota, del Vaso de oro. (…) Poco a poco el salón se había llenado de figuras extraordinarias, como sólo se encuentran en los aguafuertes de Callot y en los grabados de Goya: un revoltijo de oropeles y harapos característicos, de formas humanas y animales. (…) Muy intrigado, me dirigí al espejo. (…) Parecía un ídolo hindú o javanés: tenía la frente abultada, la nariz, alargada en forma de trompa, se curvaba sobre mi pecho, las orejas me llegaban a los hombros y, para colmo de desgracias, era de color añil, como Shiva, el dios azul.

Alucinaciones, Oliver Sacks, p.107

La resistencia del ghetto de Varsovia

Ruinas del gheto de Varsovia, después del paso de las tropas alemanas, 1945

Ruinas del ghetto de Varsovia, después del paso de las tropas alemanas, 1945

Los judíos que en un principio se habían mostrado contrarios a la resistencia acabaron finalmente por descubrir la verdad. Los alemanes los querían a todos muertos. Tras la deportación de más de trescientas mil personas en 1942, los judíos del ghetto de Varsovia quedaron reducidos a unos setenta mil. La mayoría de ellos eran jóvenes y relativamente fuertes. A los viejos y a los enfermos ya se los habían llevado. Los diferentes grupos políticos judíos, bundistas, comunistas y sionistas, acordaron responder a los ataques. Empezaron matando a los colaboracionistas y a continuación prepararon posiciones defensivas comunicadas con las alcantarillas. Las armas y los explosivos los consiguieron del Ejército Nacional o Armia Krajowa, leal al gobierno en el exilio, y también de la resistencia comunista polaca, la Guardia del Pueblo. Unos cuantos centenares de pistolas y revólveres fueron comprados a ciudadanos de Varsovia que los habían guardado desafiando el peligro de ser ejecutados si eran encontrados en su posesión. En enero de 1943, se produjo el primer enfrentamiento armado cuando los alemanes detuvieron a seis mil quinientos judíos para su deportación. Lleno de cólera, Himmler ordenó que fuera destruido el ghetto de Varsovia en su totalidad. Pero hasta el 19 de abril no tuvo lugar el principal intento de asaltar el barrio. Las tropas de las Waffen-SS entraron por el extremo norte, donde los prisioneros eran cargados en vagones de ganado aparcados en las vías muertas. Los atacantes tuvieron que retirarse poco después con sus heridos tras sufrir un intenso tiroteo y perder el único vehículo blindado que poseían a consecuencia del estallido de un cóctel Molotov. Himmler quedó espantado al enterarse de que el ataque ordenado por él había sido repelido y destituyó al oficial al mando. A partir de ese momento, la SS atacaría haciendo incursiones con pequeños grupos en distintos lugares. Tras una defensa desesperada de las fábricas, que los alemanes incendiaron utilizando lanzallamas, los defensores judíos se retiraron a las alcantarillas, de las cuales salían de vez en cuando para atacar por la espalda a las tropas alemanas. La SS inundó las cloacas con la intención de que murieran ahogados, pero los combatientes judíos lograron evitar el agua o desviarla. Otros se apoderaron de un gran edificio utilizado por una empresa de armamentos y lo defendieron hasta el final. El Brigadeführer Jürgen Stroop ordenó a sus hombres prender fuego al edificio. Cuando los judíos se arrojaban al vacío desde los pisos superiores, los soldados de la SS se reían llamándolos «paracaidistas» e intentaban matarlos a balazos antes de que cayeran al suelo.

Después de la guerra, cuando estaba encarcelado, parece que Stroop seguía entusiasmado con los combates librados, que describió a su compañero de celda. «El escándalo era monstruoso», dijo. «Casas ardiendo, humo, llamas, chispas flotando en el aire, plumas de almohadas revoloteando, el hedor de los cuerpos chamuscados, el estruendo de los cañones, el estallido de las granadas, el resplandor del fuego, los judíos saltando por las ventanas de las casas en llamas con sus mujeres y sus hijos». Reconocía, sin embargo, que el «valor combativo» de los judíos lo había pillado totalmente por sorpresa, y también a sus hombres. La férrea resistencia continuó durante casi todo un mes hasta el 16 de mayo. En los combates murieron millares de personas, y siete mil de los cincuenta y seis mil sesenta y cinco prisioneros fueron ejecutados de inmediato. Los demás fueron enviados a Treblinka para ser gaseados o a los batallones de trabajos forzados para matarlos de cansancio. El ghetto fue arrasado. Vasily Grossman, que entró en Varsovia con el Ejército Rojo en enero de 1945, describe la escena en los siguientes términos: «Una marea de piedras y ladrillos aplastados, un mar de ladrillos. No hay ni una sola pared intacta. La ira de la bestia fue terrible».

La segunda guerra mundial, Antony Beevor, p. 420