Autobiografía de Antonio Di Benedetto

Antonio Di Benedetto (2 de noviembre de 1922, Mendoza - 10 de octubre de 1986, Buenos Aires)

Antonio Di Benedetto (2 de noviembre de 1922, Mendoza – 10 de octubre de 1986, Buenos Aires)

“He leído y he escrito. Más leo que escribo, como es natural; leo mejor que escribo.
He viajado. Preferiría que mis libros viajen más que yo. He trabajado, trabajo.
Carezco de bienes materiales (excepto la vivienda que tendré).
Una vez, por algo que escribí, gané un premio, y después otro y después…hasta 10 de literatura, uno de periodismo y uno de argumentos de cine. Una vez tuve una beca que me dio el Gobierno de Francia, y pude estudiar algo en París.
Un tiempo quise ser abogado y no me quedé en querer serlo, estudié mucho, aunque nunca lo suficiente.
Después quise ser periodista. Conseguí ser periodista. Persevero.
Un tiempo anduve de corresponsal extranjero (por ejemplo, revolución de Bolivia, la que llevó al poder a René Barrientos).
Yo quería escribir para el cine. Pero en general no soy más que un espectador de cine, y también periodista de cine. Una vez fui al Festival de Berlín, y otra al de Cannes, y otra a Hollywood el día de los Oscars, y otra… Bueno, en el Festival de Mar del Plata una vez me pusieron en el Jurado Internacional de la Crítica.
Soy argentino, pero no he nacido en Buenos Aires.
Nací el Día de los Muertos del año 22.
Música, para mí, la de Bach y la de Beethoven. Y el “cante jondo”.
Bailar no sé, nadar no sé, beber sí se. Auto no tengo.
Prefiero la noche. Prefiero el silencio”.

Autobiografía de Antonio Di Benedetto,
escrita en 1968

Final del cuento Engranajes

El triunfo de la muerte, Juan de Valdés Leal, 1672

El triunfo de la muerte, Juan de Valdés Leal, 1672

¿Es que no hay nadie que me haga el favor de venir y estrangularme silenciosamente mientras duermo?

Vida de un idiota y otras confesiones, Akutagawa Ryunosuke, p. 145

La simiente de Rashomon y La nariz

Rashōmon, Akira Kurosawa, 1950

Las historias que escribí por entonces, en un estudio lleno de libros desordenados que era como un símbolo de mi mente, fueron Rashömon y «La nariz». Como resultado de un desengaño amoroso que me tuvo seis meses abatido, estaba muy triste siempre que me encontraba solo. Para distraerme un poco, me puse a escribir relatos lo más alegres y alejados que fuera posible de mis circunstancias en ese momento. Fue así como me salieron estos dos relatos cuyos asuntos tomé del Konjaku monogatari.

Vida de un idiota y otras confesiones, Akutagawa Ryunosuke, p.19

En el mismo hotel de Eça Queiroz

Eça de Queiroz antes de 1900

Leyendo “En el mismo hotel” pensamos en Borges o en alguno de sus aplicados discípulos, como Muñoz Molina. Pero su autor es Eça de Queiroz. El azar me lleva al encuentro de estas fascinantes páginas entre el montón de polvorientos volúmenes que acaban de ser donados, aún están sin clasificar, a la Biblioteca de la Calzada. Durante todo el día, que paso en Gijón, no pienso en otra cosa.

Días de 1989, de José Luis García Martín, p.69

Hay algo que anda mal en mí

Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro

Hay algo que anda mal en mí y que me hace inepto para la felicidad. Mis goces más puros están repartidos entre mis recuerdos y mis proyectos. El presente me fastidia, porque no lo siento. Me fortalece pensar en mis días en Salamanca o en mi próximo viaje a Inglaterra. Pero el momento actual, el segundo en que escribo esta palabra, es para mí un momento anodino que sólo el tiempo coloreará o cargará de sentido. Será por ello tal vez que en mis cuentos hay un tono sombrío, que precipita  los desenlaces o pide prestada ayuda, a veces, a la exageración.

La tentación del fracaso,Julio Ramón Ribeyro, p.22

Paréntesis

Escuela de Atenas, de Rafael

“A veces por las noches -meditaba aquella ocasión la Pulga- cuando el insomnio no me deja dormir como ahora y leo, hago un paréntesis en la lectura, pienso en mi oficio de escritor y, viendo largamente al techo, por breves instantes imagino que soy, o que podría serlo si me lo propusiera con seriedad desde mañana, como Kafka (claro que sin su existencia miserable), o como Joyce (sin su vida llena de trabajos para subsistir con dignidad), o como Cervantes (sin los inconvenientes de la pobreza), o como Cátulo (aun en contra, o quizá por ello mismo, de su afición a sufrir por las mujeres), o como Swift (sin la amenaza de la locura), o como Goethe (sin su triste destino de ganarse la vida en Palacio), o como Bloy (a pesar de su decidida inclinación a sacrificarse por las putas), o como Thoreau (a pesar de nada), o como Sor Juana (a pesar de todo); nunca Anónimo; siempre Lui Même, el colmo de los colmos de cualquier gloria terrestre”.

Este cuento de Monterroso, pertenece al libro La oveja negra y demás fábulas

El zorro es más sabio (Homenaje a Juan Rulfo)

Autorretrato de Juan Rulfo  en el nevado de Toluca en la década de 1940

Autorretrato de Juan Rulfo en el nevado de Toluca en la década de 1940

Un día que el Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.

Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.

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Sueño de la mariposa

Chuang-Tzu soñando una mariposa (o una mariposa soñando a Chuang-Tzu)

Chuang-Tzu soñando una mariposa (o una mariposa soñando a Chuang-Tzu)

Hace muchas noches fui una mariposa que revoloteaba contenta de su suerte. Después me desperté, y era Chuang-Tzu. Pero ¿soy en verdad el filósofo Chuang-Tzu que recuerda haber soñado que fue mariposa o soy una mariposa que sueña ahora que es el filósofo Chuang-Tzu?