La censura se ablandaba con Lara

José Manuel Lara Hernández en Málaga en 1969

José Manuel Lara Hernández en Málaga en 1969

El hecho de que Lara fuera un ex legionario y un franquista convencido hacía que la censura le permitiera publicar algunos libros que no habrían pasado la censura en otras editoriales. Manuel Vázquez Montalbán cuenta que fue a parar a Planeta cuando la censura le rechazó Yo maté a Kennedy (1972). En principio, la novela la debía publicar Carlos Barral, pero no pasó el filtro censor. «El mismo Barral me aconsejó que probara con Lara —explica Vázquez Montalbán—. Lo hice y, tras cambiar una única palabra, carne por cuerpo, la censura le dio el visto bueno».

En enero de 1954, cuando Juan Goytisolo vio que la censura le impedía publicar Juegos de manos, novela finalista del Premio Nadal, fue a Madrid para hablar con Dionisio Ridruejo y pedirle que le ayudara. Ridruejo leyó la novela, le gustó y fue a ver al ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado. El ministro no se dejó convencer, pero Juan Goytisolo tampoco se rindió. Llamó a las puertas de Planeta y José Manuel Lara obtuvo el permiso para publicar el libro tras realizar algunas tachaduras. Juego de manos se publicó en Planeta en el verano de 1954.

Tiempo de editores, Xavier Moret, p.134
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Cuando la realidad se convierte en una plagio de la ficción

Escuela de rebeldía, Salvador Seguí, La Novela de Hoy nº 46, 1923 Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1923

Escuela de rebeldía, Salvador Seguí, La Novela de Hoy nº 46, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1923

Meses más tarde (septiembre de 1923), Artemio Precioso, que dirigía desde Madrid la colección La Novela de hoy, publicaba Escuela de Rebeldía escrita por Seguí, en la que curiosamente su personaje era asesinado en la calle Riereta esquina San Rafael, es decir, dos calles de distancia. Sin duda, Seguí conocía muy bien su fin y erró en pocos metros.

Barcelona rebelde, Art. de Manel Aisa, p.245

La exhaustiva (e interesada) censura del Don Quijote

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Del Quijote se censura una sola frase, la que dice que «las obras de caridad hechas con tibieza o desidia no tienen ningún mérito ni ningún valor».

Breve historia de la inquisición en España, Joseph Pérez, p.171

Sartre aprovecha la guerra para escribir

Jean-Paul Sartre, Bouxwiller

Jean-Paul Sartre, Bouxwiller

En su estación meteorológica militar, Jean-Paul Sartre tuvo tiempo para escribir el primer volumen de Chemins de la liberté y parte de L’Être et le néant. Aquel invierno, escribiría, «todo consistía exclusivamente en dormir, comer y no pasar frío.

 La segunda guerra mundial, Antony Beevor, p.79

El Lazarillo, prohibido por la Inquisición

Portada de la edición de Medina del Campo de 1554, impresa por Mateo y Francisco del Canto

Todavía nos preguntamos cuáles fueron las razones que indujeron a la Inquisición a prohibir ciertas obras de teatro o el Lazarillo de Tormes: ¿tal vez a causa del anticlericalismo de varios pasajes?

Breve historia de la Inquisición en España, Joseph Pérez, p.165

El olvido de Chandler en el sueño eterno

Raymond Chandler trabajando con su secretaria en Los Ángeles

Raymond Chandler trabajando con su secretaria en Los Ángeles

¿Que se te ha olvidado atar un cabo importante de la trama? ¿O todo un personaje, como le pasó a Raymond Chandler? (Cuando le preguntaron por el chófer asesino de El sueño eterno, Chandler, que se tomaba sus copitas, contestó: «¡Ah, ése! Es que se me olvidó.»)

Mientras escribo, Stephen King, p.171

Misterios insondables acerca de la Rimas Becquerianas

Bécquer, biografía e imagen, Rafael Montesinos, Editorial RM, 1977

Bécquer, biografía e imagen, Rafael Montesinos, Editorial RM, 1977

¿Y qué historia no se deduce de la afirmación de Rafael Montesinos acerca del manuscrito de las Rimas becquerianas presuntamente destruido durante el asalto al palacio de González Bravo? Montesinos cuenta que le fue permitido hojear esos míticos papeles, pero con la condición de prometer que no daría ninguna pista de su paradero. Si son auténticos, ¿por cuántas manos de maniáticos y celosos coleccionistas han tenido que pasar desde 1868 hasta le fecha? ¿Cómo es posible que no hubiera ninguno que tuviese necesidad de dinero o que sintiera la vanidad de unir su nombre al de un original que el propio autor trató de reconstruir en el Libro de los gorriones y que forma parte de la historia mayor de la literatura española?

 Días de 1989, José Luís García Martín, p.95