El trato de la Savak a las editoriales

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La Savak censuraba los libros una vez impresa toda la tirada. Si algún libro despertaba sospechas, se tenía la obligación de destruir todos los ejemplares y el editor corría con los gastos. De este modo se arrunió a la mayor parte de ellos. Los que se mantuvieron a flote temían arriesgarse —en un país de treinta y cinco millones de habitantes— a lanzar tiradas de más de mil ejemplares. El best-seller de la Gran Civilización, Cómo cuidar su coche, apareció en una edición de quince mil ejemplares, pero al llegar a esta cifra dejó de imprimirse porque la Savak vio en él alusiones a la situación del gobierno en los capítulos que trataban de las averías del motor, de la mala ventilación o de la batería descargada.

El Sha o la desmesura del poder, Ryszard Kapuscinski, p.107

L’altra cara d’Antonio López

Antonio López y López

Antonio López y López, Marqués de Comillas

El que és cert és que, des que Antonio López consolidà la seva força financera i econòmica a la Península, presentà una altra cara a l’opinió pública. I amb molta visió. Des de finançar l’edició de luxe de L’Atlàntida, de mossèn Cinto, que havia estat capellà en un dels vaixells de la Transatlántica i ara era capellà de casa seva, fins a fer generosíssims donatius al seu poble de Comillas.

La burgesia emprenedora, Francesc Cabana, p.71

Condición inexcusable para publicar una novela durante el franquismo

Juegos de Manos, Juan Goytisolo, Ediciones Destino, 1954

Juegos de Manos, Juan Goytisolo, Ediciones Destino, 1954

Miguel Dalmau, por otra parte, ha explicado que cuando Juan Goytisolo tenía problemas con la censura para publicar su novela Juego de manos, le pidió a Dionisio Ridruejo que intercediera ante el ministro. Su sorpresa fue mayúscula cuando supo que Arias Salgado le había dicho a Ridruejo que «la novela era un género que sólo merecía la publicación si marido y mujer, en una matrimonio legítimamente constituido, podían leérsela el uno al otro sin ruborizarse mutuamente y, sobre todo, sin excitarse”, condición imprescindible para llevarla a la imprenta».

Tiempo de editores, Xavier Moret, p.17

El frondoso sendero del éxito de la Interpretación de los sueños

La interpretación de los sueños (‘Die Traumdeutung’), Sigmund Freud, 1900

En 1900 se había publicado una primera edición de mil ejemplares; cien se habían destinado a reseñas y, por tanto, sólo novecientos habían salido a la venta. Éstos tardaron en venderse… ¡diez años! En un primer momento, el libro no había tenido éxito comercial, pero se ve que a los lectores les había gustado el libro y ellos mismos lo habían promocionado boca a boca.

Prefacio de José Benigno Freire en El hombre en busca de sentido,  Victor Frankl,  p. 18

Mi primer libro editado entre las manos

Fotografía extraída del bloc Bibliofilia

12 de diciembre (1955)

Me sería imposible explicar la impresión que me ha producido mi libro Los gallinazos sin plumas, cuyo primer ejemplar he recibido esta mañana. Lo he leído, lo he releído, lo he hojeado y examinado por todas partes. Mi opinión ha oscilado entre el entusiasmo más ardiente y la decepción más desgarradora. Por momentos he arrojado el libro con amargura, para cogerlo luego y al reconocer una frase o escena preferidas reconciliarme con él. Ahora mismo, estando ya sereno, no puedo emitir un juicio y creo que tardaré mucho en poder hacerlo. El libro está aún demasiado presente en mí para poder mirarlo como algo diferente. Necesito la acción despersonalizadora del tiempo, la cuota de olvido que me permita leerlo con ojos inocentes.

La tentación del fracaso,Julio Ramón Ribeyro, p.93

Un enemigo del pueblo

En folkefiende ( Un enemigo del pueblo), Henrik Ibsen, 1882

Sin embargo, persiguiendo alguna distensión, el ministro extendió la mano sobre los libros apilados en la mesa y levantó un volumen de las obras de Ibsen: Un enemigo del pueblo. Liev Davídovich vio la oportunidad pintada en el aire y comentó lo apropiada que resultaba aquella obra en su actual situación: el político Stockmann que traiciona a su hermano se parecía extraordinariamente a Lie y a sus amigos, y citó de memoria un fragmento: «Todavía queda por ver si la maldad y la cobardía son lo bastante poderosas para sellar los labios de un hombre libre y honrado». Seguidamente le dio las buenas tardes al ministro y extendió la mano para que le devolviera el libro.

El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura, p.202

Ejemplar de Los orígenes del totalitarismo

Izvori Totalitarizma, 1998

Izvori Totalitarizma, 1998

Varios días más tarde, una mujer que había concertado y cancelado varias veces una visita a mi despacho, finalmente vino a verme. Quería comprar la traducción, publicada recientemente, de Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt. El libro, en este tiempo, solo podía adquirirse en los despachos de Alexandria.

Me dijo que necesitaba un poco de tiempo para reunir el dinero para pagarlo. Cuando, de todos modos, le entregué ell libro, ella me dijo:

—¿Sabe? Todo lo que nos está ocurriendo no es por accidente. Hannah Arendt lo describió todo en su libro.

Yo le contestó:

—¿Qué quiere usted decir?

En vez de contestarme. me contó la historia de su vida:

Mi marido era albanés y fue asesinado hace un par de años. Quizás lo recuerde usted, salió en los periódicos. Era un hombre agradable y educado, el antiguo embajador de Yugoslavia. La policía llevó a cabo una investigación, pero no obtuvo ningún resultado. Una vez más, no se encontró ningún culpable. Hace unos días entraron a robar en mi casa de campo en Grocka. Me enteré de que los ladrones fueron unos hombres que habían andado por el pueblo preguntando dónde vivía «aquella mujer albanesa». Yo procedo de una vieja familia serbia muy respetada. Así que eso es Hannah Arendt.

No me pregunté si debía creérmela. Me quedé en silencio. Quizá debería haberle regalado el libro.

Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.55