Grossman visita Yasnaya Polyana

Tumba de Tolstoi, Yásnaia Poliana, fotografía extraída de calledelorco.com

En la carretera Orel-Tula, Grossman no pudo resistir la tentación y fue a visitar la finca de Tolstoi en Yasnaya Polyana. Allí encontró a la nieta del escritor recogiendo la casa y el museo para evacuarlo antes de que llegaran los alemanes. Inmediatamente pensó en el pasaje de Guerra y paz en el que el anciano príncipe Bolkonsky tiene que dejar su casa de Lysye Gory al acercarse el ejército de Napoleón. «La tumba de Tolstoi», garabateó en su cuaderno. «Zumbido de cazas sobre ella, estruendo de explosiones y la majestuosa calma del otoño. Es muy duro. Pocas veces he sentido tanto dolor». El siguiente en visitar el lugar después de su partida fue el general Guderian, que convertiría la finca en su cuartel general para el avance hacia Moscú.

 La segunda guerra mundial, Antony Beevor, p.331

La tumba más hermosa del mundo, según Stefan Zweig

Un plano por un franco

Plano del cementerio de Père Lachaise

Plano del cementerio de Père Lachaise

Vivo desde hace quince meses a media cuadra del cementerio de Père Lachaise y sólo hoy, domingo soleado y ventoso, se me ocurre recorrer los cincuenta metros que me separan de la entrada de la rue de la Réunion.

Deslumbrado. Un portero me entrega por un franco un planito y me señala con el dedo las tumbas de Balzac, Molière, Chopin, Edith Piaf, etc. Al poco rato renuncio a buscar las sepulturas ilustres y prefiero perderme por los caminillos estrechos que bordean los mausoleos.

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.282

Agatha Christie en África

Agatha Christie en Siria

Agatha Christie de arqueóloga en Siria

El Old Cataract de Asuán huele a Agatha Christie, lo mismo que el Pera Palace de Estambul. Mientras en el segundo la escritora inglesa escribió de un tirón su Asesinato en el Orient Express, en el primero puso a su Hércules Poirot a buscar asesinos en Muerte en el Nilo, novela publicada en 1937. Agatha Christie viajó con frecuencia por el norte de África en la década de los treinta del pasado siglo, acompañando a su segundo marido, que era arqueólogo, y se alojó algunas veces en el Old Cataract. Como era obligado, cuando la novela fue llevada al cine, en 1978, algunas secuencias de la película nos muestran a Peter Ustinov, el Poirot del film, en el bello Old Cataract.

Los caminos perdidos de África, Javier Reverte, p.388

Els capritxos d’Antonio López

El Capricho, de Comillas, 1883

[Antonio López López] Es permetia tenir mossèn Cinto Verdaguer com a capellà particular —li va finançar l’edició de luxe de L’Atlàntida— i Antoni Gaudí com a arquitecte de les seves cases familiars —El Capricho, de Comillas, per exemple. 

L'oasi Català, Andreu Farràs i Pere Cullell, p.70

Hotel Moscú, un engendro estético de Stalin

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Oye bien esto, te puede enseñar mucho: cuando él [Stalin] decidió que se le debía dar una imagen nueva a Moscú, escogió este lugar para que se construyera un hotel donde se alojarían sus visitantes más distinguidos. A partir de sus sugerencias, pidió que le presentaran dos proyectos diferentes. Como él piensa que Moscú debe comenzar a convertirse en la capital de la arquitectura proletaria, tiene sus ideas al respecto. Se las comentó al proyectista Schúsev y a los arquitectos Saveliev y Stapran y les encargó los planos con la seguridad de que ellos sabrían interpretar lo que él tenía en mente. Los arquitectos temblaron al oír lo que Stalin les pedía y proyectaron, cada uno por su lado, lo que creyeron que podían ser las ideas del Jefe. Pero cuando Schúsev le presentó los dos proyectos, él no pudo verlos de inmediato, tenía otros problemas, y no se sabe por qué, a la semana siguiente los planos volvieron a manos del proyectista Schúsev… autorizados los dos por el camarada Stalin. ¿Cómo era posible?, se preguntaron. ¿Quería dos hoteles, o quería los dos proyectos, o había firmado los dos por error? La única solución era preguntarle al camarada Stalin si se había equivocado, pero… ¿quién se atrevía a molestarlo en sus vacaciones en Sochi? Además, el Secretario General nunca se confunde. Entonces Schúsev se iluminó, como el genio que es: realizarían los dos proyectos en un solo edificio, una mitad según el de Saveliev y la otra siguiendo el de Stapran… Así nació este engendro, y Schúsev, Saveliev y Stapran lograron salir airosos. El edificio es absurdo, un horror estético, pero existe y cumple con las ideas y la decisión del camarada Stalin. Yo aprendí la lección, y espero que tú también seas capaz de entenderla. ¡Salud, Soldado 13! —dijo y bebió hasta el fondo su vaso de vodka.

El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura, p.223

Genet en Barcelona

La Criolla

Façana de La Criolla

En 1932, con 22 años, llega a Barcelona. «En Barcelona frecuentábamos sobre todo la calle del Mediodía y la calle del Carmen». La zona por donde se moverá durante su estancia en Barcelona será el barrio Chino, de donde va «a describir las costumbres de la miseria» y basándose en sus experiencias en esta ciudad escribirá Diario de un ladrón. Frecuenta garitos, sucios bares y salas de fiesta tan famosas como La Criolla de la calle del Cid, que actualmente va de la avenida Drassanes hasta el Paral·lel.

Barcelona rebelde, art. de Abel Rebollo, p.255

Poirot en la muerte en el Nilo

Hotel Old Cataract, de Assuan

Paseando por la terraza del hotel, vestido con un traje de seda blanco, tocado con un sombrero panamá y llevando en la mano un espantamoscas con mango de ámbar, Poirot dialogaba al principio del libro con una bella muchacha y decía del lugar: «Me encanta: las rocas negras de la isla de Elefantina y el sol y las embarcaciones que cruzan el Nilo. Sí, es maravilloso estar vivo. ¿No le parece maravilloso, mademoiselle?». La chica respondía: «Debe de ser estupendo todo esto, pero a mí Asuán me parece lúgubre. El hotel está medio vacío y casi todos sus ocupantes rondan el centenar de años».
Cuando yo llegué, a primeros de marzo del año 2000, no había en la terraza sillones de mimbre pintados en rojo brillante, como los que usaba Poirot para tomar el té de la tarde. Pero la terraza seguía siendo un lugar espléndido, frente a la isla de Elefantina, con sus arenales rubios y piedras oscuras, alzada sobre una curva dulce del Nilo por donde navegaban gráciles falucas de blanca vela latina. Cierto era también que la clientela parecía bien entrada en años, aunque nadie llegase a los cien. La Christie afirmaba que la vista desde la terraza sobre el río era la más bonita del mundo. Y sí, era hermosa, sin duda… Pero afirmar de cualquier sitio de la Tierra que es el más bello es mucho afirmar. Personalmente, sé de unos cuantos de que son aún más bonitos.
En cuanto a la ciudad de Asuán, en nada me pareció un lugar lúgubre, sino una ciudad muy viva, animada e, incluso, con rincones bonitos. Fumar en un cafetín del zoco una pipa de agua, por ejemplo, resultaba un placer estupendo.

Los Caminos perdidos de África, Javier Reverte, p.388