Per què hauria de voler copiar res?

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Entenc que això és una petita ironia amistosa. Però, per què hauria de voler reescriure Xalàmov? O fins i tot Tolstoi, Puixkin, Lérmontov o Rjevski? Per què hauria de copiar Alexandre Dumas, com va fer Fitzgerald? El gran Gatsby és un llibre fantàstic. No obstant això, prefereixo  El comte de Montecristo…

La zona, Sergei Dovlatov, 206

Fotografía del escritor en las solapas

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Cuando observo mis fotografías de escritor en las solapas de mis libros o en entrevistas y pienso que quien las mira no soy yo sino alguien que nunca me ha visto y que sólo me conocerá por esas imágenes me doy cuenta de lo poco que transmiten, de su insignificancia y su traición, pobre figura tensa, ectoplasma deliberadamente insípido, fijación de lo móvil, negación de lo cambiante, trozo de hielo con el que se pretende representar la corriente impetuosa de un río.

 La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.411

Laboratorio de Pío Baroja

Vera de Bidasoa (Navarra). Foto: Mariano Estornés Lasa

Vera de Bidasoa (Navarra). Foto: Mariano Estornés Lasa

Corrió durante mucho el rumor en el pueblo de que mi tío hacía hablar a la gente, y luego la sacaba en los libros de una manera peligrosa, ya que no ofensiva. Había que estar en guardia. Creo que uno de los motivos mayores de esta actitud lo dio la aparición de El aprendiz de conspirador fechado en «Itzea» en octubre de 1912 y aparecido con fecha de 1913. Pintaba allí mi tío dos caracteres de viejas que, en la vida política de Laguardia de Álava, al tiempo de la primera guerra civil, representaban de modo caricaturesco, por el odio personal que se tenían, el odio político generalizado entre liberales y carlistas. Los rasgos que les dio estaban inspirados en la observación de dos solteronas de Vera, una llamada Pepita, otra Fanny, que se odiaban desde la juventud y procuraban denigrarse mutuamente de continuo. […] Creo que la primera que se enteró de que mi tío había hecho una especie de transferencia de su persona en la Laguardia del siglo XIX fue ella. Después, hasta que murió octogenaria, no saludó a nadie de la familia. La Pepita, más diplomática, solía ir a ver a mi abuela una o dos veces al año, con sus pantuflas y balandranes.

Los Baroja (memorias familiares), Julio Caro Baroja, p.74

Los gustos literarios de Pío Baroja

Pío Baroja y Nessi. (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 – Madrid, 30 de octubre de 1956)

Pío Baroja y Nessi. (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 – Madrid, 30 de octubre de 1956)

Hacia 1925 mi tío Pío tenía unas ideas y unos gustos que difícilmente casaban con los que dominaban en España. Para él toda la pintura posterior al impresionismo era una pura estupidez. La música de Wagner no le gustaba mucho, pero la posterior la juzgaba incómoda. La poesía española, en conjunto, no le interesaba, salvo la muy antigua. Tampoco estimaba mucho a los prosistas y novelistas de su época o algo anteriores, con la excepción de Azorín y Ortega. Había tenido amistad con don Juan Valera, al que recordaba con simpatía, y de los románticos admiraba a Bécquer. De vez en cuando compraba alguna novela regional de autor poco conocido, de los de su época. Le llegaban, por otra parte, muchos volúmenes de Ámerica española. También de escritores jóvenes que querían su juicio. No era muy dado a franquearse en este orden, pero hablaba con aprecio de algunos cuentistas y novelistas americanos, de los que luego diré algo más. La novela de su época, en conjunto, le interesaba poco, porque creía que la novela la hace tanto un tipo de sociedad como el novelista y creía que la sociedad del siglo XIX en sí era más novelesca o novelable que la del XX, técnica, pedantesca, teorizante en todo, dominada por la receta, es decir, el «ismo».

Sus escritores favoritos seguian siendo, así, Dostoyewski, Dickens y sus filósofos, algunos que en España no eran gustados por la gente de cátedra. Compraba muchos libros modernos, los leía, pero no sacaba demasiado gusto de su lectura. Freud le produjo irritación. Proust lo aburrió. Gide le causó una mezcla de admiración y repugnancia. Pasaron por sus manos Joyce, Lawrence, Huxley… Al final estimaba sobremanera a Colette y a J. Green entre los contemporáneos. Contra Léon Daudet creía que el siglo XX era el verdaderamente estúpido, no el anterior.

Tarde leyó a Hardy, a Meredith, a Conrad, a algunos otros escritores ingleses algo más viejos que él. Por los dos primeros tuvo más estimación que por el tercero. Las obras antiguas de Bernard Shaw le divertían: las más modernas, no. Ni Wells, por un lado, ni Chesterton, por otro, le producían mucho entusiasmo. Creo que estimaba más a Conan Doyle que a estos doctrinarios: y sobre todo a Stevenson. De algunos escritores ingleses famosos tenía una visión de hotel de lujo (vio pasar a Kipling por uno de Roma) o de club londinense (habló con Barrie alguna vez, y no acierto a imaginar el diálogo). También trató a «don Roberto», es decir, a Cunninghame Graham.

Después de haber leído a los clásicos rusos del XIX continuó interesado por Rusia como productora de novelistas. Pero Gorki le aburría. A otros los encontraba retóricos, como a Merejkowski y Andreief. Veía demasiada preocupación erótica en Artzibashef. El trasgo,  de Sologub, le entretuvo y también algún libro de escritor menos conocido. Después de la revolución la literatura programada es claro que no podía producirle más que aburrimiento. En general, los rusos modernos le parecía que hacían «recuelos» de los antiguos. Para los movimientos que entre 1920 y 1930 tuvieron mucha boga, como el dadaísmo, el futurismo, etc., no tenía voluntad ni siquiera de prestarles algo de atención.

Los baroja (memorias familiares), Julio Caro Baroja, p.71

Sherwood Anderson, el preferit de Dovlàtov

Serguei Dovlàtov (3 de setembre de 1941 Ufà, URSS- 24 d'agost de 1990) Nova York

Serguei Dovlàtov (3 de setembre de 1941, Ufà, URSS- 24 d’agost de 1990, Nova York)

[Paraules de Joseph Brodsky]

«[Dovlàtov] és notable, en primer lloc, precisament per renunciar a la tradició tràgica de la literatura russa (que és sempre la denominació de la inèrcia) i, en la mateixa mesura, al seu patetisme autocomplaent. La tonalitat de la seca prosa és d’un burlesc contingut, malgrat el tarannà desesperat de la existència que l’autor descriu. Parlar de les seves arrels literàries, etc., és un sensesentit, ja que l’autor és com un arbre que es desprèn de la terra nutrícia. Només diré que un dels seus escriptors preferits sempre va ser Sherwood Anderson, del qual Dovlàtov apreciava més que res en el món el seu Diari d’un escriptor.­»

Introducció a La Zona de Sergei Dovlàtov, a càrrec de Ricard San Vicente, p.19

Comienzos literarios del gusto de Javier Reverte

Itinerario de la Odisea

Itinerario de la Odisea

Es probable que el comienzo de la Odisea, junto con otros cuantos como Don Quijote de la Mancha, El viejo y el mar, El extranjero, La metamorfosis, Pedro Páramo y Cien años de soledad, sea uno de los mejores principios de la literatura de todos los tiempos. “Cuéntame, oh musa”, canta Homero, “la historia de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo errante largo tiempo, vio las ciudades y conoció las costumbres de muchos hombres, y padeció en su corazón gran número de penalidades durante su navegación por el mar, mientras se esforzaba por salvar su vida y la de sus compañeros para regresar a la patria. Pero no pudo librarlos de la muerte y todos perecieron a causa de sus locuras”. Con un principio semejante, nadie puede detenerse ya en la lectura del poema.

[…]

No resisto la tentación de recordar aquí los hermosos principios que he señalado antes: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” (Cervantes). “Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez” (Hemingway). “Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé” (Camus). “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su casa convertido en un monstruoso insecto” (Kafka). “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” (Juan Rulfo). “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (García Márquez).Palabra literaria.

Corazón de Ulises, Javier Reverte, p.411-412

Personajes de cuento

Rudyard Kipling en 1925

Rudyard Kipling en 1925

Otro defecto que se le achaca es que tuviera un escaso poder de caracterización del personaje. No creo que los críticos que se lo echasen en cara entendieran del todo qué lugar ocupa la caracterización en un relato breve. Obviamente, se puede escribir un relato con la intención de desplegar un carácter. Flaubert lo hizo en Un corazón sencillo, Chejov lo hizo en La novia, que a Tolstoi le entusiasmaba. Un purista podría objetar que no son relatos, sino novelas resumidas. A Kipling le importaban los incidentes. En un relato de esta índole basta con relatar, sobre personas que toman parte en él, lo suficiente para darles vida propia. Se las muestra en el momento que a uno le ocupa; son inevitablemente estáticas. Para mostrar el desarrollo del carácter, un autor necesita el paso del tiempo y el espacio de maniobra que presta la novela.

Introducción de W. Somerset Maugham, El mejor relato del mundo y otros no menos buenos, Rudyard Kipling, p.39