El mito de Solana

Edgar Degas, Autoretrato, 1895

Edgar Degas, autoretrato, 1895

El mito de Solana se ha magnificado. En su caso, como en el de otros muchos, creo que se podría repetir la aguda e irónica reflexión de Degas, cuando de viejo vio un cuadro suyo en una colección, adquirido a precio fabuloso: «El que pintó esto no era un imbécil, en verdad. Pero el que lo ha comprado, desde luego que lo es».

Los Baroja (memorias familiares), Julio Caro Baroja, p. 85

La Tossa de Marc Chagall

El violinista celeste, Marc Chagall, 1934

El violinista celeste, Marc Chagall, 1934

Y entre los recién llegados destaca el angélico Marc Chagall, el gran pintor-poeta que, escribe Benet [Rafael], «con sus ojos azules ha venido a sorber los azulados de Tossa». En justa correspondencia, Chagall estampa para la revista una dedicatoria especial en forma de eslogan: Tossa, paradis bleu.

Un hotel en la Costa Brava, Nancy Johnstone, p.13

Yo vivo con Picassos

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

«Yo vivo con Picassos», me dice, y se levanta. Atraviesa el salón y señala: «Aquí está este Picasso de 1912.» Es un pequeño bodegón cubista, un collage en el que Picasso ha integrado pintura, carboncillo, arena y trozos de papel sobre una superficie gris, casi sucia. «Es una obra muy importante. Del principio del cubismo.» Miquel tiene los ojos fijos en la pequeña obra, claramente cautivado. «Mira la sombra con la arena, y el collage y la madera pintada, la transparencia y la opacidad de la madera…» Sigue comentando los muchos detalles del pequeño cuadro y concluye: «Es una joya. Creo que es una obra maestra.» Sigue con la mirada fija en el bodegón. «El agujero…», dice en voz queda señalando un detalle más.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.193

Ordenar la biblioteca

Librería después de un bombardeo en Londres, 1940

Librería después de un bombardeo en Londres, 1940

El momento ha llegado por fin. Los bombardeos son el momento ideal para ordenar la biblioteca. Cuando suenan las sirenas que anuncian un peligro inminente es una de las pocas tareas que uno es capaz de hacer.

 Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.111

Los discursos de Hitler

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, solía hacer este tipo de sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, le ayudaba en estas sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Yo estuve con ella en el Palacio de Exposiciones en aquella ocasión en que habló el Führer. Vociferaba como un loco y estaba horriblemente excitado, yo no entendía una palabra. Por eso le pregunté después a tía Adelheid lo que había dicho y le pedí que me explicara el discurso. Resultó que tía Adelheid no supo repetirme una sola palabra de lo que había hablado el Führer, pero me dijo, temblando de entusiasmo:

¿No ha sido maravilloso? ¿Has presenciado tú jamás algo semejante? ¿Has notado que ya no podía apenas hablar y que tenía una palidez mortal y estaba a punto de desplomarse? Ese hombre agota totalmente sus energías. ¿Has visto que al final estaba bañado en sudor y que entonces los SS formaron un círculo en torno a él?

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.71

El sentit metafísic del pa i la cistella

La cistella de pa, Salvador Dalí, 1945

La cistella de pa, Salvador Dalí, 1945

Després ens diu per dues vegades i amb un realisme insuperable ha pintat el tema de Cistella de pa: durant un parell de mesos, la primera; i quatre, la segona. Ens mostra la pàgina —la 165— de Les Demeures Philosophales, de Fulcanelli, on l’imaginatiu estudiós de les catedrals i els seus misteris exposa una ensopida teoria sobre el sentit metafísic del pa i la cistella.

Dalí parlat, Lluís Permanyer, p.50

Coca-Cola y Warhol

"Miquel Barceló", Andy Warhol, 1984 204 x 204 cm. Fotografía extraída de www.miquelbarcelo.com/

“Miquel Barceló”, Andy Warhol, 1984
204 x 204 cm. Fotografía extraída de www.miquelbarcelo.com/

«Es el retrato de tu compatriota», dice. Y, efectivamente, es el retrato que Warhol le hizo en los años ochenta. «De hecho es una colaboración. ¿Ves? Cuando mis hijos eran jóvenes dibujaron sobre él», explica señalando algunos trazos de ceras de colores en una esquina de la tela. «Algún día lo borraré. Pero la verdad es que ya me gusta así», dice. Contempla el retrato un momento y me comenta que antes no le gustaba mirarlo. Le incomodaba ver las cuatro imágenes de su rostro mirándolo. «Pero ahora le veo como botellas de Coca-Cola», añade.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.189

No es lo mismo pintar que fotografiar

Ogobara con sombrero, Miquel Barceló,  1996

Ogobara con sombrero, Miquel Barceló, 1996

… y un día le propuse a Ogobara, mediante un intérprete, que me permitiera hacerle una foto y él aceptó. En el obscuro comedor —con el suelo de tierra y las paredes de adobe y estiércol— de una de las chozas de Miquel, puse a Ogobara sobre un banco con la espalda hacia la pared. Tras varios intentos conseguí indicarle que se sentara exactamente en la misma posición que recordaba del retrato de Miquel. Manipulando las puertas de madera reproduje las condiciones de luz del cuadro y con mi cámara digital conseguí que el contraste entre la sombra y la iluminación sobre su cara fueran también iguales al retrato. Ésa era mi absurda idea: si tomaba una foto de Ogobara exactamente en las mismas condiciones del cuadro podría demostrar lo que había observado. Sólo haría falta poner la foto al lado del cuadro y se vería claramente lo que había llegado a entender.

Pero no funcionó. Por supuesto que no funcionó.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.187-188

Barceló conoce a Warhol

 Andy Warhol "Miquel Barceló", 1984 204 x 204 cm Imatge manllevada de http://www.miquelbarcelo.com/


Andy Warhol
“Miquel Barceló”, 1984
204 x 204 cm
Imatge manllevada de www.miquelbarcelo.com/

Al cabo de poco tiempo, Barceló conoció al personaje más emblemático del arte neoyorquino de las últimas décadas: Andy Warhol. (…) Por supuesto, se interesó por Barceló y lo invitó a la Factory, el mítico estudio de Warhol donde trabajaba junto a sus decenas de ayudantes. Hizo un retrato de Miquel como los que hizo de celebridades, o por encargo si un cliente quería pagar 20.000 dólares. Pero en el caso de los jóvenes artistas como Miquel, Warhol no cobraba sino que cambiaba el retrato por un cuadro del retratado. Miquel le dio un gran cuadro de una especie de ensalada.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.135/136