Dientes de león

Pero hay otras cosas que se pueden comer.

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

En primer lugar, los dientes de león. No tienes más que arrancarlos —raíz incluida—, sacudirles la tierra y llevártelos directamente a la boca.

 Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.141

La resistencia del ghetto de Varsovia

Ruinas del gheto de Varsovia, después del paso de las tropas alemanas, 1945

Ruinas del ghetto de Varsovia, después del paso de las tropas alemanas, 1945

Los judíos que en un principio se habían mostrado contrarios a la resistencia acabaron finalmente por descubrir la verdad. Los alemanes los querían a todos muertos. Tras la deportación de más de trescientas mil personas en 1942, los judíos del ghetto de Varsovia quedaron reducidos a unos setenta mil. La mayoría de ellos eran jóvenes y relativamente fuertes. A los viejos y a los enfermos ya se los habían llevado. Los diferentes grupos políticos judíos, bundistas, comunistas y sionistas, acordaron responder a los ataques. Empezaron matando a los colaboracionistas y a continuación prepararon posiciones defensivas comunicadas con las alcantarillas. Las armas y los explosivos los consiguieron del Ejército Nacional o Armia Krajowa, leal al gobierno en el exilio, y también de la resistencia comunista polaca, la Guardia del Pueblo. Unos cuantos centenares de pistolas y revólveres fueron comprados a ciudadanos de Varsovia que los habían guardado desafiando el peligro de ser ejecutados si eran encontrados en su posesión. En enero de 1943, se produjo el primer enfrentamiento armado cuando los alemanes detuvieron a seis mil quinientos judíos para su deportación. Lleno de cólera, Himmler ordenó que fuera destruido el ghetto de Varsovia en su totalidad. Pero hasta el 19 de abril no tuvo lugar el principal intento de asaltar el barrio. Las tropas de las Waffen-SS entraron por el extremo norte, donde los prisioneros eran cargados en vagones de ganado aparcados en las vías muertas. Los atacantes tuvieron que retirarse poco después con sus heridos tras sufrir un intenso tiroteo y perder el único vehículo blindado que poseían a consecuencia del estallido de un cóctel Molotov. Himmler quedó espantado al enterarse de que el ataque ordenado por él había sido repelido y destituyó al oficial al mando. A partir de ese momento, la SS atacaría haciendo incursiones con pequeños grupos en distintos lugares. Tras una defensa desesperada de las fábricas, que los alemanes incendiaron utilizando lanzallamas, los defensores judíos se retiraron a las alcantarillas, de las cuales salían de vez en cuando para atacar por la espalda a las tropas alemanas. La SS inundó las cloacas con la intención de que murieran ahogados, pero los combatientes judíos lograron evitar el agua o desviarla. Otros se apoderaron de un gran edificio utilizado por una empresa de armamentos y lo defendieron hasta el final. El Brigadeführer Jürgen Stroop ordenó a sus hombres prender fuego al edificio. Cuando los judíos se arrojaban al vacío desde los pisos superiores, los soldados de la SS se reían llamándolos «paracaidistas» e intentaban matarlos a balazos antes de que cayeran al suelo.

Después de la guerra, cuando estaba encarcelado, parece que Stroop seguía entusiasmado con los combates librados, que describió a su compañero de celda. «El escándalo era monstruoso», dijo. «Casas ardiendo, humo, llamas, chispas flotando en el aire, plumas de almohadas revoloteando, el hedor de los cuerpos chamuscados, el estruendo de los cañones, el estallido de las granadas, el resplandor del fuego, los judíos saltando por las ventanas de las casas en llamas con sus mujeres y sus hijos». Reconocía, sin embargo, que el «valor combativo» de los judíos lo había pillado totalmente por sorpresa, y también a sus hombres. La férrea resistencia continuó durante casi todo un mes hasta el 16 de mayo. En los combates murieron millares de personas, y siete mil de los cincuenta y seis mil sesenta y cinco prisioneros fueron ejecutados de inmediato. Los demás fueron enviados a Treblinka para ser gaseados o a los batallones de trabajos forzados para matarlos de cansancio. El ghetto fue arrasado. Vasily Grossman, que entró en Varsovia con el Ejército Rojo en enero de 1945, describe la escena en los siguientes términos: «Una marea de piedras y ladrillos aplastados, un mar de ladrillos. No hay ni una sola pared intacta. La ira de la bestia fue terrible».

La segunda guerra mundial, Antony Beevor, p. 420

No sóc Soljenitsin

Aleksandr Soljenitsin Kislovodsk, Rússia, 1918 - Moscou, 3 d'agost de 2008)

Aleksandr Soljenitsin Kislovodsk, Rússia, 1918 – Moscou, 3 d’agost de 2008)

Ha quedat clar que trobar editor és extraordinàriament difícil. A mi, per exemple, dos m’han dit que no. I tampoc no voldria amagar-me.

Els motius de la negativa són pràcticament estàndards. Si vol, aquí en té els arguments principals: el tema dels camps està esgotat; el lector està tip d’inacabables memòries penitènciaries; després de Soljenitsin. Que potser això em priva del dret d’existir?

Però si els nostres llibres són del tot diferents! En Soljenitsin descriu els camps polítics. Jo, els penals. En Soljenitsin era un reclús. Jo, un vigilant. Per a en Soljenitsin, el camp és l’infern. Jo, en canvi, penso que l’infern som nosaltres mateixos…

La zona, Sergei Dovlatov, p.25

Balance

Fotografía sin fecha de prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Fotografía sin fecha de prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Dos veces al día, mientras realizamos los ejercicios de castigo, el personal de los barracones los vacía completamente y lo tira todo a la calle, aprovechando para robar cuanto cae en sus manos. Y dos veces al día nosotros lo devolvemos todo a su sitio. Solo nos permiten comer por la mañana y por la noche.

Este es el balance con que acaba la semana: entre 70 y 80 muertos y un drástico descenso de las fuerzas y la vitalidad de los 1.500 sacerdotes que se alojan en los dos barracones implicados.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.133

Ordenar la biblioteca

Librería después de un bombardeo en Londres, 1940

Librería después de un bombardeo en Londres, 1940

El momento ha llegado por fin. Los bombardeos son el momento ideal para ordenar la biblioteca. Cuando suenan las sirenas que anuncian un peligro inminente es una de las pocas tareas que uno es capaz de hacer.

 Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.111

Los discursos de Hitler

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, solía hacer este tipo de sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, le ayudaba en estas sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Yo estuve con ella en el Palacio de Exposiciones en aquella ocasión en que habló el Führer. Vociferaba como un loco y estaba horriblemente excitado, yo no entendía una palabra. Por eso le pregunté después a tía Adelheid lo que había dicho y le pedí que me explicara el discurso. Resultó que tía Adelheid no supo repetirme una sola palabra de lo que había hablado el Führer, pero me dijo, temblando de entusiasmo:

¿No ha sido maravilloso? ¿Has presenciado tú jamás algo semejante? ¿Has notado que ya no podía apenas hablar y que tenía una palidez mortal y estaba a punto de desplomarse? Ese hombre agota totalmente sus energías. ¿Has visto que al final estaba bañado en sudor y que entonces los SS formaron un círculo en torno a él?

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.71

Una época despiadada

Vassili Grossman en Stalingrado, 1942

Vassili Grossman en Stalingrado, 1942

El novelista y corresponsal de guerra Vasily Grossman describe cómo esperó el regreso de los aviones de un ala de cazas en un aeródromo situado cerca de Gomel, en Bielorrusia. «Por fin, tras un afortunado ataque contra una columna alemana, regresaron y aterrizaron los cazas. El aparato de su comandante llevaba carne humana pegada al radiador. Ello se debía a que el avión de apoyo había chocado con un camión cargado de munición que saltó por los aires en el momento mismo en que volaba sobre él el aparato del oficial al mando. Poppe, que así se llamaba este, intenta retirar el amasijo con ayuda de una lima. Llaman a un médico que tras examinar atentamente la masa sanguinolenta pronuncia su veredicto: “¡Carne aria!” Todo el mundo se echa a reír. ¡Sí, estamos en una época despiadada, una auténtica edad de hierro!»

La segunda guerra mundial, Antony Beevor, p.277

Música alta, música inapropiada

Dentro se puede escuchar la canción de los Properllerhead Take California. El chico del tatuaje con un pendiente en la oreja está listo para entrar en su polémica. Le dice que su música no está demasiado alta y que, además, tan sólo son las ocho. Nadie duerme todavía y no hay nadie a quien la música pueda molestar.

[…]

¿Sabe el joven que el edificio de Radio Televisión Serbia (RTS) ha sido bombardeado y que varios de sus colegas han muerto? ¡Y él sigue escuchando esa música inglesa y americana!

—¿Y qué música escuchas tú?— le pregunta él.

—Música espiritual serbia —le contesta.

[…]

Ya veo que no está dispuesto a seguir mis consejos.

Regreso a mi apartamento. Para consolarme, me cito a Hannah Arendt a mí mismo: «La sabiduría es una virtud de la vejez y parecen adquirirla sólo aquellos que, cuando eran jóvenes, no fueron ni sabios ni prudentes.»

Pero sigo preocupado. El joven es mi hijo.

Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.106

Leerse a Hölderlin tumbado junto a su tumba

Johann Christian Friedrich Hölderlin (20 de marzo de 1770 – 7 de junio de 1843). Fotografía extraída de C O N = L I B R I

Johann Christian Friedrich Hölderlin (20 de marzo de 1770 – 7 de junio de 1843). Fotografía extraída de C O N = L I B R I

Y su cultura es inmensa. Me contó que había leído a Hölderlin junto a la tumba de Hölderlin. Y no una vez, sino varias. Y que siempre habían sido minutos sublimes. Y que todo eso era para él tan sagrado que no hablaba de ello, ni siquiera lo mencionaba. Y luego sí que habló de ello.

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.61

Comprar un libro ya es considerado sospechoso

Librero, Luis Azcárate, 1994

Librero, Luis Azcárate, 1994

En 1605 la Inquisición va más allá: exige que los libreros registren los nombres de sus clientes; el mero hecho de comprar un libro y de leer se convertiría en un acto sospechoso.

Breve historia de la inquisición en españa, Joseph Pérez, p.173