Los discursos de Hitler

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, solía hacer este tipo de sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, le ayudaba en estas sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Yo estuve con ella en el Palacio de Exposiciones en aquella ocasión en que habló el Führer. Vociferaba como un loco y estaba horriblemente excitado, yo no entendía una palabra. Por eso le pregunté después a tía Adelheid lo que había dicho y le pedí que me explicara el discurso. Resultó que tía Adelheid no supo repetirme una sola palabra de lo que había hablado el Führer, pero me dijo, temblando de entusiasmo:

¿No ha sido maravilloso? ¿Has presenciado tú jamás algo semejante? ¿Has notado que ya no podía apenas hablar y que tenía una palidez mortal y estaba a punto de desplomarse? Ese hombre agota totalmente sus energías. ¿Has visto que al final estaba bañado en sudor y que entonces los SS formaron un círculo en torno a él?

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.71

El arte transforma el cuerpo

Jackson Pollock

Jackson Pollock

Sabía que la creación de la cúpula sería un proceso físicamente muy exigente y por ello empezó a entrenarse. Al igual que se preocupa por las cualidades físicas de los materiales que utiliza, también le importa el aspecto físico de la creación de sus obras. En su taller, Miquel extiende sus telas por el suelo y pinta de pie, caminando por encima de ellas, ocupando el mismo espacio que los cuadros. Le gusta hacer gestos amplios con los pinceles, a veces con un brochazo que va de un extremo a otro de la tela y siente cómo sus músculos se contraen mientras el pincel recorre la superficie. Le fascina la manera en que trabajaba Jackson Pollock. El pintor americano dejaba las telas en el suelo y trabajaba inclinado sobre ellas, circulando en derredor mientras hundía los pinceles o palos de madera en el cubo de pintura que sostenía con la mano izquierda. Miquel ha dicho que el cuerpo de Pollock se adaptó a su forma de pintar. No era simplemente un ejercicio intelectual. Su arte verdaderamente transformó a su cuerpo.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.28

El pas del temps

Ana Christina, Andrew Wyeth *, 1967

 

Anar agafant pes, quedar-se calb: no és exactament el mateix que adonar-te que t’hauries de tallar les ungles dels peus. De cop i volta, ja no ets jove, físicament jove. Per dintre —com diuen— ets el mateix adolescent insegur de sempre, un bloc d’immaduresa blindada, en part gràcies a l’experiència i les desil·lusions necessàries. Ara, si et mires al mirall, et desconeixes i et desagrades més que mai. Si mai tingueres gràcia física o esperaves tenir-ne, ja no la tens o no la tendràs mai. És innoble, descarat, diria que fins i tot injust si la justícia tingués res a veure amb tot això. Ara ets allò que tothom pot veure al carrer, i ja ho seràs per sempre, perquè allò que veuen, allò seràs. Ingresses als cercles purgatorials de la lletjor, decaure any rere any, i tampoc tens la voluntat de redreçar el cos amb disciplina gimnàstica, dietes o com sigui. Però «per dintre» tinc més ganes de viure que mai, la constatació d’un desig jove embolicat per una carn que envelleix, saber que —si Déu vol— res pot substituir totes les curiositats que sento, les mil coses que vull escriure, els milers i milers de llibres que he de llegir. Això i la pura permanència biològica permet llevar-se cada matí sense recances i recomençar-ho tot, i ser un poc més transigents amb nosaltres mateixos i amb els altres. Forma esbiaixada de maduresa: saber que totes les coses que t’envolten —el món exterior— són molt més importants que tu. Travelar i aixecar-se; pecar i penedir-se; decaure i un esperit més jove. La resta pseudoliteratura.

Rates al jardí, Valentí Puig, p.77

* Pàgina oficial de Andrew Wyeth

Deporte y política

Private Eye, 1968

Private Eye, 1968

Para un país naciente del Tercer Mundo, el deporte puede representar una afirmación pública, un foco de patriotismo. León Trotski explicó a C. L. R. James que el deporte como espectáculo era un sustitutivo de la acción política. James, que era más sofisticado, veía el críquet como parte del «movimiento histórico» de los tiempos, profundamente entrelazado con la sociedad. Ciertamente, dos de las crisis más iluminadoras y educativas de mi infancia tenían que ver con el deporte y la política, una de ellas conducía a cierto conocimiento sobre la otra. Una fue el caso de Mohammed Alí y su reclutamiento para la guerra del Vietnam. La otra más importante para mí —un tema en el que vi que el deporte no estaba más libre de la política racial que el sexo—, fue el caso de Basil D’Oliviera.

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