Rimbaud según Ribeyro

Arthur Rimbaud (Charleville-Mézières, 20 d’octubre de 1854 – Marsella, 10 de novembre de 1891)

 

Rimbaud méprise no sólo a Dios, sino también al culto, a las formas exteriores de la creencia y el rito. Desdeña también el amor, la felicidad, el progreso, el matrimonio, todo aquello que para los poetas anteriores había sido motivo de louange. Rimbaud termina desdeñando su propia vida y algo más: la poesía.

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.93
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El final de Rimbaud

Arthur Rimbaud en Harer

En 1885, los sueños imperiales de Egipto se disolvieron y sus soldados y funcionarios abandonaron Harer. El nuevo emir decidió cerrar la ciudad a los europeos y Pierre Bardey hubo de clausurar su negocio. A Rimbaud no le quedó otro remedio que regresar a Adén, adonde viajó acompañado de una muchacha harari, la única mujer con la que mantuvo una relación estable durante un cierto tiempo de su vida y cuyo nombre no aparece en ninguna parte. 

Pero no duró mucho como empleado de Bardey. Se despidió de la compañía, después de cobrar tres meses de sueldo como indemnización y decidió emprender negocios por su propia cuenta. Bardey escribiría años después sobre Rimbaud: «No pude retenerlo mucho más de lo que es posible retener a una estrella fugaz».

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La vida de Rimbaud en Harer

Autorretrato de Rimbaud en Harer, alrededor de 1883

La vida de Rimbaud en Harer , donde vivió un total de cinco años durante diversos períodos, entre 1880 y 1891, es una historia desdichada y triste. Cuando tenía veinticinco años, en pleno cenit de su gloria literaria, el precoz autor de Una temporada en el Infierno y Las Iluminaciones, decidió dejar de escribir y largarse de París para no volver en todo el resto de su vida. «Ya no pienso nunca en la literatura», escribió en una carta. Y el 20 de octubre de 1879, dejando atrás una juventud apasionada y tumultuosa, «a las once de la noche se despidió de sus amigos —cuenta su biógrafo Enid Starkie— y ninguno de ellos volvió a verlo». Paul Verlaine, que fue su amante durante un tiempo, escribió más tarde: «Después ya no hizo nada más que viajar terriblemente y morir muy joven». En una carta a su familia, fechada en 1883, el propio Rimbaud decía: «Cada día que pasa me atraen menos el clima, la forma de vivir e incluso la lengua de Europa. Me enviáis las últimas noticias políticas. ¡Si supierais lo poco que me importan ahora! Hace más de dos años que no he abierto un solo periódico».

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Rimbaud en Etiopía: La casa

Casa de Rimbaud en Etiopía, foto de msprengler

La casa de Rimbau se encontraba en los últimos trabajos de rehabilitación, a punto ya de abrirse al público como museo, y era un edificio notable, de estilo indio, alzado en tres plantas, las dos superiores construidas en madera, y con bellas ventanas de cristales pintados en colores vivos.

—Parece una mansión demasiado lujosa para alguien que vivió tan pobremente como Rimbaud —le comenté a Abdul.

—A usted puedo decírselo: no es la casa de Rimbaud. Nadie sabe cuál fue la que habitó, quizá vivió en varias. Pero el Ministerio de Cultura francés ha decidido financiar el museo y compró el edificio más suntuoso que encontró en la ciudad. A mí me parece estupendo: cuando vengan franceses a verlo, estarán encantados de que les enseñe un lugar tan bonito. Y yo he leído todo lo que hay  que saber del Harer de Rimbaud, incluso he aprendido de memoria y en francés algunos de sus versos. ¿Quiere escuchar uno? Ahí va: «Y esos despertares francos, claros, rientes, hacia la aventura?». Bonito, ¿no?

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