La exhaustiva (e interesada) censura del Don Quijote

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Del Quijote se censura una sola frase, la que dice que «las obras de caridad hechas con tibieza o desidia no tienen ningún mérito ni ningún valor».

Breve historia de la inquisición en España, Joseph Pérez, p.171

El negocio es el negocio

Mucho hay que chupar, Francisco de Goya, 1799

Finalmente, el 4 de noviembre de 1939, después de recibir la aprobación del Congreso, fue ratificada la nueva ley que permitía el suministro de bienes y pertrechos a los países beligerantes, siempre y cuando el comprador pagara en efectivo y se encargara del transporte de lo adquirido (cash and carry).

La Segunda guerra mundial, Antony Beevor, p. 78

Torturas de la Inquisición

Saturno devorando a un hijo, Francisco Goya, 1821-1823

Saturno devorando a un hijo, Francisco de Goya, 1821-1823

La Inquisición practicaba tres tipos de torturas. La primera era el suplicio del agua: se ataba al prisionero a una escalera inclinada, con la cabeza más baja que los pies, se le mantenía la boca abierta, se le introducía un paño en la boca y se echaba agua que debía tragar: para ello se utilizaba un cántaro que contenía algo más de un litro de agua; durante la misma sesión, se podían administrar a un prisionero hasta ocho cántaros de agua. Otra forma de tortura consistía en colgar al acusado de una polea por medio de una cuerda atada a las muñecas, y sujetarle pesos a los pies; se levantaba lentamente el cuerpo y luego se dejaba caer bruscamente. La tercera variedad de tortura era el caballete: el prisionero tenía las muñecas y los tobillos atados con cuerdas que se iban retorciendo progresivamente por medio de una palanca. Según Henningsen, el noventa por 100 de los acusados que pasaron por la Inquisición española nunca sufrieron tortura.

Breve historia de la inquisición en España, Joseph Pérez, p.134

El sambenito

Por haber nacido en otra parte, Francisco Goya, 1808-14

Recordemos que una condena por herejía suponía no sólo la confiscación de los bienes, sino además la inhabilitación para ejercer muchos cargos públicos, beneficios eclesiásticos y profesiones, inhabilitación que afectaba a los interesados y a sus descendientes directos; la condena suponía además la obligación de llevar una túnica vergonzante, el sambenito.

Breve historia de la Inquisición en España, Joseph Pérez, p.117

Una caja de tornillos

12501_0037_s

Al parecer nos vamos a la estación. ¿Y qué es lo que tenemos que transportar? Una carga de tornillos del tamaño de dos paquetes de cigarrillos.

Somos tan ingenuos que nos resulta incomprensible que para eso sean necesarios dieciocho hombres, más un guardia, más un remolque de cinco toneladas… Todavía no sabemos que a los prisioneros, a los guardias y al capo les está prohibido separarse ni un momento: una norma básica que rige para todos los comandos de trabajo externo.

De modo que nos ponemos a empujar el inmenso remolque con tan ligera carga chapoteando en el barro de la carretera que lleva a la estación para al rato regresar de nuevo. Poco a poco vamos perdiendo nuestra capacidad de raciocinio.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.115

Diferencia entre naturalezas muertas españolas y las de otras tradiciones europeas

Bodegón con cabeza de cordero, Francisco de Goya

Diferencia entre naturalezas muertas españolas y las de otras tradiciones es particularmente interesante cuando se compara, por ejemplo, los bodegones barrocos españoles y las naturalezas muertas flamencas coetáneas  Una típica naturaleza muerta flamenca representa un espacio bien iluminado. Puede haber cortinas confeccionadas con telas exóticas que enmarcan una mesa cubierta por un mantel fino. Los manjares son exquisitos: frutas sin maca alguna que reflejan la luz, carnes exóticas y ricos quesos. Todo ello presentado en fuentes de plata entre cálices de oro y cubiertos ornamentados. Es una pintura de un lujo singular.

Continua llegint

De la ignorancia y la culpa

Si sabrà mas el discipulo?, Francisco de Goya, 1799

—No es vergonzoso dejar de saber alguna cosa.

—¡Contra! La maldita salida de Cicerón, tabla de salvación de todos los cretinos: «nec me pudet ut istos fateri nescire quod nesciam» *. Pues ha de saber que el único verdadero pecado del hombre es la ignorancia.

* Yo no me avergüenzo como otros, en confesar que ignoro lo que no sé.

Bufo&Spallanzan, Rubem Fonseca, Pág. 71