La censura se ablandaba con Lara

El hecho de que Lara fuera un ex legionario y un franquista convencido hacía que la censura le permitiera publicar algunos libros que no habrían pasado la censura en otras editoriales. Manuel Vázquez Montalbán cuenta que fue a parar a Planeta cuando la censura le rechazó Yo maté a Kennedy (1972). En principio, la novela la debía publicar Carlos Barral, pero no pasó el filtro censor. «El mismo Barral me aconsejó que probara con Lara —explica Vázquez Montalbán—. Lo hice y, tras cambiar una única palabra, carne por cuerpo, la censura le dio el visto bueno».

En enero de 1954, cuando Juan Goytisolo vio que la censura le impedía publicar Juegos de manos, novela finalista del Premio Nadal, fue a Madrid para hablar con Dionisio Ridruejo y pedirle que le ayudara. Ridruejo leyó la novela, le gustó y fue a ver al ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado. El ministro no se dejó convencer, pero Juan Goytisolo tampoco se rindió. Llamó a las puertas de Planeta y José Manuel Lara obtuvo el permiso para publicar el libro tras realizar algunas tachaduras. Juego de manos se publicó en Planeta en el verano de 1954.

Tiempo de editores, Xavier Moret, p.134

Es preferible la ruina de un editor a la salvación de la alma del censor

Josep Janès en su despacho, años 50. Fotografía extraída del Quadern de El País.

El editor Miquel Arimany cuenta en sus memorias que cuando Gabriel Arias Salgado consideró «moralmente condenable» una edición de la Obra completa de Proust que Josep Janés tenia previsto publicar, el editor protestó diciendo que le arruinaría, a lo que el ministro respondió: «Es preferible la ruina de un editor a que yo exponga la salvación de mi alma».

Tiempo de editores, Xavier Moret, p. 17

Condición inexcusable para publicar una novela durante el franquismo

Juegos de Manos, Juan Goytisolo, Ediciones Destino, 1954

Juegos de Manos, Juan Goytisolo, Ediciones Destino, 1954

Miguel Dalmau, por otra parte, ha explicado que cuando Juan Goytisolo tenía problemas con la censura para publicar su novela Juego de manos, le pidió a Dionisio Ridruejo que intercediera ante el ministro. Su sorpresa fue mayúscula cuando supo que Arias Salgado le había dicho a Ridruejo que «la novela era un género que sólo merecía la publicación si marido y mujer, en una matrimonio legítimamente constituido, podían leérsela el uno al otro sin ruborizarse mutuamente y, sobre todo, sin excitarse”, condición imprescindible para llevarla a la imprenta».

Tiempo de editores, Xavier Moret, p.17