Los discursos de Hitler

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, solía hacer este tipo de sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Hitler ensayando poses para sus discursos, 1925. Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal, le ayudaba en estas sesiones con el fin de mejorar la técnica gestual. Las fotografías resultantes debían destruirse.

Yo estuve con ella en el Palacio de Exposiciones en aquella ocasión en que habló el Führer. Vociferaba como un loco y estaba horriblemente excitado, yo no entendía una palabra. Por eso le pregunté después a tía Adelheid lo que había dicho y le pedí que me explicara el discurso. Resultó que tía Adelheid no supo repetirme una sola palabra de lo que había hablado el Führer, pero me dijo, temblando de entusiasmo:

¿No ha sido maravilloso? ¿Has presenciado tú jamás algo semejante? ¿Has notado que ya no podía apenas hablar y que tenía una palidez mortal y estaba a punto de desplomarse? Ese hombre agota totalmente sus energías. ¿Has visto que al final estaba bañado en sudor y que entonces los SS formaron un círculo en torno a él?

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.71

Leerse a Hölderlin tumbado junto a su tumba

Johann Christian Friedrich Hölderlin (20 de marzo de 1770 – 7 de junio de 1843). Fotografía extraída de C O N = L I B R I

Johann Christian Friedrich Hölderlin (20 de marzo de 1770 – 7 de junio de 1843). Fotografía extraída de C O N = L I B R I

Y su cultura es inmensa. Me contó que había leído a Hölderlin junto a la tumba de Hölderlin. Y no una vez, sino varias. Y que siempre habían sido minutos sublimes. Y que todo eso era para él tan sagrado que no hablaba de ello, ni siquiera lo mencionaba. Y luego sí que habló de ello.

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.61

Si bebes, no critiques

Borracho, Salvador Dalí, 1922

Borracho, Salvador Dalí, 1922

El tal Segebrecht tiene un aguante tremendo para el alcohol, pero bebe más de lo que puede aguantar. Así que un vez, estando borracho, pintó en el suelo de su retrete una cruz gamada. Y cuando en el salón del restaurante Pitter Lambert le preguntó qué significaba aquello, respondió a voz en grito:

—Para que esos imbéciles vean con el ojo del culo lo que han votado.

Una cosa así, lógicamente, no puede acabar bien.

Después de medianoche, Irmgard Keun, p.18