Límite saludable de convivencia: tres horas

Julio Ramón Ribeyro con su hijo, Julito. París, 1983. Fotografía extraída del blog El dedo en la llaga

Julio Ramón Ribeyro con su hijo, Julito. París, 1983. Fotografía extraída del blog El dedo en la llaga

Sé por experiencia que no puedo soportar la presencia de una persona más de tres horas. Pasado este límite pierdo la lucidez, me embrutezco, las ideas se me ofuscan y al final o me irrito o quedo sumido en un profundo abatimiento. Estando con C., muchas veces, tuve que mantener artificialmente la atmósfera de cordialidad con unos cuantos vasos de vino. De otro modo hubiéramos terminado odiándonos sin pudor.

Tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.95

Mi primer libro editado entre las manos

Fotografía extraída del bloc Bibliofilia

12 de diciembre (1955)

Me sería imposible explicar la impresión que me ha producido mi libro Los gallinazos sin plumas, cuyo primer ejemplar he recibido esta mañana. Lo he leído, lo he releído, lo he hojeado y examinado por todas partes. Mi opinión ha oscilado entre el entusiasmo más ardiente y la decepción más desgarradora. Por momentos he arrojado el libro con amargura, para cogerlo luego y al reconocer una frase o escena preferidas reconciliarme con él. Ahora mismo, estando ya sereno, no puedo emitir un juicio y creo que tardaré mucho en poder hacerlo. El libro está aún demasiado presente en mí para poder mirarlo como algo diferente. Necesito la acción despersonalizadora del tiempo, la cuota de olvido que me permita leerlo con ojos inocentes.

La tentación del fracaso,Julio Ramón Ribeyro, p.93

Rimbaud según Ribeyro

Arthur Rimbaud (Charleville-Mézières, 20 d’octubre de 1854 – Marsella, 10 de novembre de 1891)

 

Rimbaud méprise no sólo a Dios, sino también al culto, a las formas exteriores de la creencia y el rito. Desdeña también el amor, la felicidad, el progreso, el matrimonio, todo aquello que para los poetas anteriores había sido motivo de louange. Rimbaud termina desdeñando su propia vida y algo más: la poesía.

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.93

Françoise Sagan, el resultado de una herencia cultural

Françoise Sagan, 1954

Françoise Sagan, 1954

Françoise Sagan, una chica de 18 años, ha escrito una novela maestra. Tengo la  certeza de que si tuviera ella 25 años como yo jamás la habría escrito. El tiempo me vuelve cauteloso y estéril. Ya pasó mi edad de la autobiografía. Me seducen los frescos, los vastos cuadros de costumbres. Mis taras culturales son sin embargo gigantescas. La novela es un producto social, no individual. Brota del genio colectivo, de la herencia cultural acumulada durante siglos. Françoise Sagan no hace más que recoger el rédito del vasto capital almacenado por el genio narrativo francés en el curso de su historia. Yo, detrás de mí, sólo tengo leyendas, tradiciones y sainetes. Para un sudamericano más fácil es hacer una revolución que escribir una novela.

La tentación del fracaso, Julio Ramón Ribeyro, p.38

Hay algo que anda mal en mí

Julio Ramón Ribeyro

Julio Ramón Ribeyro

Hay algo que anda mal en mí y que me hace inepto para la felicidad. Mis goces más puros están repartidos entre mis recuerdos y mis proyectos. El presente me fastidia, porque no lo siento. Me fortalece pensar en mis días en Salamanca o en mi próximo viaje a Inglaterra. Pero el momento actual, el segundo en que escribo esta palabra, es para mí un momento anodino que sólo el tiempo coloreará o cargará de sentido. Será por ello tal vez que en mis cuentos hay un tono sombrío, que precipita  los desenlaces o pide prestada ayuda, a veces, a la exageración.

La tentación del fracaso,Julio Ramón Ribeyro, p.22