Impacto de Lolita

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¿Cuál fue su percepción del impacto que causó Lolita en los Estados Unidos, cuando se publicó en 1958?

Contrariamente a lo que ocurrió en Inglaterra, en el Nuevo Mundo no prohibieron Lolita, y Estados Unidos resultó ser menos mojigatos que sus parientes europeos. Pero el diminutivo «Lolita» se metamorfoseó pronto en un despliegue de arquetipos vulgares: sobrenombres, chicas de revista, jovencitas afectadas. Y quedé completamente perplejo cuando vi a una niñita que, al parecer, se había disfrazado de Lolita la noche de Halloween, llena de lazos y con unas bragas minúsculas. Por otra parte, .recuerdo que los habitantes de Lolita, un pueblecito de texas, consideraron la posibilidad de cambiar el nombre de su ciudad por el de Jackson.

El encantador. Nabokov y la felicidad,Lila Azam Zanganeh,  pag. 123
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Nabokov nominado a los oscars

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Más tarde lo nominaron para un Oscar.

Sí. Stanley Kubrick y James Harris proclamaron que mi guión de Lolita, una adaptación poética del original, era el mejor de Hollywood. Y, aunque no lo utilizaron en absoluto, de hecho me propusieron para un premio de la Academia, cosa bastante absurda.

 El encantador. Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh, p.123

Lolita como guia de viaje

Lolita, primera edición

Lolita, primera edición

[Echo una ojeada a mi libreta y empieza a hablar más rápido.] Durante años he querido decirle que, en un viaje en coche que hice por Estados Unidos —Ash Springs, Nevada; Blue Lake, California; Mammoth, Arizona—, el país me pareció mucho más «real» visto a través del prisma de su Lolita… Los paisajes, los lagos y el folclore norteamericano se convirtieron en una lente diáfana gracias a la cual yo inventaba los extensos espacios que descubría por mi misma. Le confería textura, un barniz de luz, al país que yo veía.

El encantador. Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh, p.117

Relatar: tortura y placer

Animals, Joaquim Mir

RELATAR incontables historias era para él una tortura y un pasatiempo.

Una tortura, porque hay que abrirse camino entre un «zoológico de palabras»: sustantivos inquietos, adjetivos moteados, modificadores que mugen, verbos que rebuznan, el ruido de cascos de los signos, el crujido de los detalles, las «alas y garras» de las novelas. Un pasatiempo, porque nada —salvo tal vez la emoción de cazar mariposas en las laderas alpinas— puede rivalizar con el puro júbilo de inventar nuevos mundos.

El encantador. Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh, p.96

Correciones y carácter, el nabo de Leningrado

Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov

Unos años más tarde, los editores de New Yorker se obstinaron en retocar «Mi educación inglesa» y «Retrato de mi madre», que poco después se convertirían en capítulos de Habla, memoria. Nabokov rechazó todas las correciones, y declaró: [prefiero] «la sinuosidad, que me es propia y que sólo a primera vista puede parecer torpe u oscura. ¿Por qué no hacer que el lector relea una frase de vez en cuando? No le va a causar daño». Pero el New Yorker no cejaba en su frenético afán corrector, y Nabokov rechazó cada sugerencia con celo diabólico. Respecto a su «Retrato», contestó: «No hubo nadie llamada “Juana de Arco”. Aun así, prefiero su verdadero nombre, Joaneta Darc. Sería bastante estúpido, por ejemplo, si en un New Yorker publicado en 2500 me llamaran “Voldemar de Cornell” o “Nabo de Leningrado”. Así  pues, en resumen, querría mantener “fatídicos acentos” y “Joaneta Darc”, si es posible».

El encantador. Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh, p. 99

La literatura como afrodisíaco

¿Qué libro acaba de leer?

¿Qué libro acabará de leer?

Cuando apareció la primera versión de Habla, memoria, titulada Conclusive evidence (Prueba definitiva), el crítico Morris Bishop le escribió a su amigo Vladimir Nabokov: «Algunas de tus frases son tan buenas que casi me provocan una erección. Y, como sabes, a mi edad eso no es nada fácil».

El encantador. Nabokov y la felicidad, Lila Azam Zanganeh, p.100