Desechar libros

Open book, Paul Klee, 1930

Open book, Paul Klee, 1930

Tengo que ceñirme a un método estricto. Desecharé todos los libros que en realidad no necesito. Se los regalaré a alguien, o, sencillamente, los tiraré. Sólo me quedaré con los que tengan un valor excepcional.

Pero ¿cuáles de mis libros tienen un valor excepcional? ¿Los que son obras maestras reconocidas, o los pequeños desconocidos que yo amo por razones inexplicables? ¿Son los libros que he leído varias veces? ¿Los que me han influenciado? ¿Los libros sobre los que he escrito? Quizá debería conservar los libros que han levantado polémica, puesto que eran políticamente controvertidos y por ello se les ha dado una atención especial. ¿O quizá debería conservar todos los que están firmados por su autor?

¿Necesito realmente los libros que me han influenciado? ¿Necesito a Marcuse, a Sartre, a Habermas, a Bloch, a Freud? Decido conservar todos los libros de Hannah Arendt y de Max Frisch. Encima de este montoncito coloco la Paz perpetua de Kant, los artículos anarquistas de Tolstoi y el Intellectuals de Paul Johnson. Al final incluyo también un poemario de Gingsberg […].

Devuelvo todos los demás libros a sus cajas. ¡Espera un momento! Me olvidaba de I.B.Singer. Guardaré sus obras completas en serbio junto a mi traducción de Lost in America.

 Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.111
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Terapia personal de Max Frisch

Max Frisch por Pia Zanetti

Max Frisch por Pia Zanetti

Yo me refiero a mis textos como «notas», en parte porque nunca fui muy bueno escribiendo diarios, y en parte porque no es en absoluto un diario. Es más bien, creo yo, parecido al Sketchbooks de Max Frisch. Creo que sería mejor si llamara a estas páginas como el escritor Josef Skorecky llamaba a sus Samozderbush, o «el libro que se come a él mismo». De todos modos, todos escribimos.

Hace veinte años hablé con Max Frisch en su apartamento de Zurich. Entonces me dijo algo que en aquel momento no me quedó muy claro. Me dijo: «Para mí escribir es una terapia personal.»

Ahora lo comprendo mucho mejor.

Amor Mundi, Dusan Velickovic, p.50