Yo vivo con Picassos

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

«Yo vivo con Picassos», me dice, y se levanta. Atraviesa el salón y señala: «Aquí está este Picasso de 1912.» Es un pequeño bodegón cubista, un collage en el que Picasso ha integrado pintura, carboncillo, arena y trozos de papel sobre una superficie gris, casi sucia. «Es una obra muy importante. Del principio del cubismo.» Miquel tiene los ojos fijos en la pequeña obra, claramente cautivado. «Mira la sombra con la arena, y el collage y la madera pintada, la transparencia y la opacidad de la madera…» Sigue comentando los muchos detalles del pequeño cuadro y concluye: «Es una joya. Creo que es una obra maestra.» Sigue con la mirada fija en el bodegón. «El agujero…», dice en voz queda señalando un detalle más.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.193
Anuncis

La avidez de Picasso

Cráneo, erizos y lámpara sobre una mesa, Pablo Picasso, 1946

Cráneo, erizos y lámpara sobre una mesa, Pablo Picasso, 1946

En su libro sobre Barceló, Dore Ashton cita a Jaume Sabartés, un amigo íntimo de Picasso que estuvo con éste en Antibes. «Un día hacia el mediodía […] vi a Picasso dirigirse a su playa favorita. […] Llevaba en la mano un cuchillo y tenía una cesta de erizos. Picasso se acercó para enseñarme cómo comer erizos, partió uno y se tomó su contenido con un poco de pan. Aquella noche, llegando al taller del museo, cogió una tela, la única que había, y se puso a pintar una cesta, un cuchillo, algunos erizos y un pedazo de pan…» A continuación Ashton comenta: «Imagino la lujuriosa avidez con que Picasso chupó el contenido del erizo y creo que Barceló tiene la misma capacidad de absorber por completo algunas criaturas marinas, hasta el punto de comérselas.»

 

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.192

Coca-Cola y Warhol

"Miquel Barceló", Andy Warhol, 1984 204 x 204 cm. Fotografía extraída de www.miquelbarcelo.com/

“Miquel Barceló”, Andy Warhol, 1984
204 x 204 cm. Fotografía extraída de www.miquelbarcelo.com/

«Es el retrato de tu compatriota», dice. Y, efectivamente, es el retrato que Warhol le hizo en los años ochenta. «De hecho es una colaboración. ¿Ves? Cuando mis hijos eran jóvenes dibujaron sobre él», explica señalando algunos trazos de ceras de colores en una esquina de la tela. «Algún día lo borraré. Pero la verdad es que ya me gusta así», dice. Contempla el retrato un momento y me comenta que antes no le gustaba mirarlo. Le incomodaba ver las cuatro imágenes de su rostro mirándolo. «Pero ahora le veo como botellas de Coca-Cola», añade.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.189

No es lo mismo pintar que fotografiar

Ogobara con sombrero, Miquel Barceló,  1996

Ogobara con sombrero, Miquel Barceló, 1996

… y un día le propuse a Ogobara, mediante un intérprete, que me permitiera hacerle una foto y él aceptó. En el obscuro comedor —con el suelo de tierra y las paredes de adobe y estiércol— de una de las chozas de Miquel, puse a Ogobara sobre un banco con la espalda hacia la pared. Tras varios intentos conseguí indicarle que se sentara exactamente en la misma posición que recordaba del retrato de Miquel. Manipulando las puertas de madera reproduje las condiciones de luz del cuadro y con mi cámara digital conseguí que el contraste entre la sombra y la iluminación sobre su cara fueran también iguales al retrato. Ésa era mi absurda idea: si tomaba una foto de Ogobara exactamente en las mismas condiciones del cuadro podría demostrar lo que había observado. Sólo haría falta poner la foto al lado del cuadro y se vería claramente lo que había llegado a entender.

Pero no funcionó. Por supuesto que no funcionó.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.187-188

Yannis, trasunto de Barceló

L'homme au chapeau rouge,  Hervé Guibert, Paris, Gallimard, 1992

L’homme au chapeau rouge, Hervé Guibert, Paris, Gallimard, 1992

Guibert, por su parte, se sintió fascinado por Miquel por varias razones. Su obra le encantaba y admiraba su obsesión por el trabajo y, de alguna manera, por sí mismo. Su visita a Farrutx en el verano de 1990 inspiró parte de uno de sus últimos libros, L’homme au chapeau rouge (publicado póstumamente en 1992), en el que aparece un personaje llamado Yannis, un pintor procedente de una isla griega, claramente un trasunto de Barceló a pesar de que también existía un pintor griego llamado Yannis, pero ese juego entre verdad y la ficción es característico en la obra de Guibert.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.168

Miquel Barceló parlant del llibre i del seu autor en L’hora del lector

Hervé Guibert, amigo de Barceló

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Hervé Guibert (París, 1955 – Clamart, 1991)

Mientras Miquel trabajaba en la serie de la tauromaquia, él y Cécile recibieron la visita de Hervé Guibert. La pareja había conocido al célebre escritor y fotógrafo francés a principios de 1990 en París. Un año mayor que Miquel, Guibert era un talento casi precoz como su nuevo amigo. Su primera novela, La Mort propagande, se publicó en 1977 cuando tenía veintiún años, y ese mismo año empezó a colaborar en la sección de cultura de Le Monde. A finales de los ochenta, se produjo el hecho que cambiaría su vida: le diagnosticaron que tenía el VIH. Reveló este hecho en 1990 en Al amigo que no me salvó la vida, su decimoséptimo libro y el que le valió la fama. En el libro, hizo revelaciones sobre los últimos años de vida y muerte por complicaciones del sida de su amigo Michel Foucault, quien aparecía en el libro como un personaje llamado Muzil. En esa novela y las siguientes, Guibert habló del sida directamente y sin tapujos en un momento en que el virus y la homosexualidad todavía eran temas tabú en Francia.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.167-168

Barceló conoce a Warhol

 Andy Warhol "Miquel Barceló", 1984 204 x 204 cm Imatge manllevada de http://www.miquelbarcelo.com/


Andy Warhol
“Miquel Barceló”, 1984
204 x 204 cm
Imatge manllevada de www.miquelbarcelo.com/

Al cabo de poco tiempo, Barceló conoció al personaje más emblemático del arte neoyorquino de las últimas décadas: Andy Warhol. (…) Por supuesto, se interesó por Barceló y lo invitó a la Factory, el mítico estudio de Warhol donde trabajaba junto a sus decenas de ayudantes. Hizo un retrato de Miquel como los que hizo de celebridades, o por encargo si un cliente quería pagar 20.000 dólares. Pero en el caso de los jóvenes artistas como Miquel, Warhol no cobraba sino que cambiaba el retrato por un cuadro del retratado. Miquel le dio un gran cuadro de una especie de ensalada.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.135/136