Comienzos literarios del gusto de Javier Reverte

Itinerario de la Odisea

Itinerario de la Odisea

Es probable que el comienzo de la Odisea, junto con otros cuantos como Don Quijote de la Mancha, El viejo y el mar, El extranjero, La metamorfosis, Pedro Páramo y Cien años de soledad, sea uno de los mejores principios de la literatura de todos los tiempos. “Cuéntame, oh musa”, canta Homero, “la historia de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sagrada ciudad de Troya, anduvo errante largo tiempo, vio las ciudades y conoció las costumbres de muchos hombres, y padeció en su corazón gran número de penalidades durante su navegación por el mar, mientras se esforzaba por salvar su vida y la de sus compañeros para regresar a la patria. Pero no pudo librarlos de la muerte y todos perecieron a causa de sus locuras”. Con un principio semejante, nadie puede detenerse ya en la lectura del poema.

[…]

No resisto la tentación de recordar aquí los hermosos principios que he señalado antes: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” (Cervantes). “Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez” (Hemingway). “Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé” (Camus). “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su casa convertido en un monstruoso insecto” (Kafka). “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” (Juan Rulfo). “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (García Márquez).Palabra literaria.

Corazón de Ulises, Javier Reverte, p.411-412

La exhaustiva (e interesada) censura del Don Quijote

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Caridad de una muger, Francisco de Goya, 1863

Del Quijote se censura una sola frase, la que dice que «las obras de caridad hechas con tibieza o desidia no tienen ningún mérito ni ningún valor».

Breve historia de la inquisición en España, Joseph Pérez, p.171

La Camacha de Montilla, del Coloquio de los perros

Casa donde se dice que vivieron , las tres brujas de Montilla, Las Camachas

Casa donde se dice que vivieron , las tres brujas de Montilla, Las Camachas

En el auto de fe del 8 de diciembre de 1572 comparece Leonor Rodríguez, la famosa Camacha de Montilla que Cervantes mencionará en el Coloquio de los perros: se acusa a esta mujer, que tenía cuarenta años en el momento de los hechos, de haber hecho un pacto con el diablo y de «unir y separar los corazones». A pesar de la acusación de satanismo, es condenada a penas menores: abjuración, doscientos latigazos y una fuerte multa ¡hacía pagar sus servicios!

Breve historia de la inquisición española, Joseph Pérez, p.79

Cervantes y Shakespeare: Sinergias

Drawing hands, 1948, M.C. Escher

Uno vive de muchas cosas, de lo que busca con intención y de lo que las circunstancias van disponiendo, y es evidente que no hay dos experiencias iguales: mientras Shakespeare escribía sus obras y las actuaba en LondresCervantes cobraba impuestos o recolectaba granos para la Armada Invencible (destinaba entre otras cosas a acabar, sin proponérselo, con el teatro de Shakespeare). Shakespeare era próspero y Cervantes pobre, cada uno como reflejo de sus respectivos países.

Fragmento extraído del cuento de MonterrosoLlorar orillas del río Mapocho.

Paréntesis

Escuela de Atenas, de Rafael

“A veces por las noches -meditaba aquella ocasión la Pulga- cuando el insomnio no me deja dormir como ahora y leo, hago un paréntesis en la lectura, pienso en mi oficio de escritor y, viendo largamente al techo, por breves instantes imagino que soy, o que podría serlo si me lo propusiera con seriedad desde mañana, como Kafka (claro que sin su existencia miserable), o como Joyce (sin su vida llena de trabajos para subsistir con dignidad), o como Cervantes (sin los inconvenientes de la pobreza), o como Cátulo (aun en contra, o quizá por ello mismo, de su afición a sufrir por las mujeres), o como Swift (sin la amenaza de la locura), o como Goethe (sin su triste destino de ganarse la vida en Palacio), o como Bloy (a pesar de su decidida inclinación a sacrificarse por las putas), o como Thoreau (a pesar de nada), o como Sor Juana (a pesar de todo); nunca Anónimo; siempre Lui Même, el colmo de los colmos de cualquier gloria terrestre”.

Este cuento de Monterroso, pertenece al libro La oveja negra y demás fábulas