La revista Minotaure

Minotaurecover

Minotaure està íntimament lligat al moviment surrealista. El primer número veu la llum el 25 de maig de 1933 i la portada és de Picasso. Altres artistes van fer després la seva particular interpretació d’aquell monstre posat de moda per Breton & Cia. Derain, Matisse, Miró, Magritte, Dalí van pintar també la coberta dels números successius.

Dalí parlat, Lluís Permanyer, p.58

Yo vivo con Picassos

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

Naturaleza muerta con silla de rejilla, Pablo Picasso, 1912

«Yo vivo con Picassos», me dice, y se levanta. Atraviesa el salón y señala: «Aquí está este Picasso de 1912.» Es un pequeño bodegón cubista, un collage en el que Picasso ha integrado pintura, carboncillo, arena y trozos de papel sobre una superficie gris, casi sucia. «Es una obra muy importante. Del principio del cubismo.» Miquel tiene los ojos fijos en la pequeña obra, claramente cautivado. «Mira la sombra con la arena, y el collage y la madera pintada, la transparencia y la opacidad de la madera…» Sigue comentando los muchos detalles del pequeño cuadro y concluye: «Es una joya. Creo que es una obra maestra.» Sigue con la mirada fija en el bodegón. «El agujero…», dice en voz queda señalando un detalle más.

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.193

La avidez de Picasso

Cráneo, erizos y lámpara sobre una mesa, Pablo Picasso, 1946

Cráneo, erizos y lámpara sobre una mesa, Pablo Picasso, 1946

En su libro sobre Barceló, Dore Ashton cita a Jaume Sabartés, un amigo íntimo de Picasso que estuvo con éste en Antibes. «Un día hacia el mediodía […] vi a Picasso dirigirse a su playa favorita. […] Llevaba en la mano un cuchillo y tenía una cesta de erizos. Picasso se acercó para enseñarme cómo comer erizos, partió uno y se tomó su contenido con un poco de pan. Aquella noche, llegando al taller del museo, cogió una tela, la única que había, y se puso a pintar una cesta, un cuchillo, algunos erizos y un pedazo de pan…» A continuación Ashton comenta: «Imagino la lujuriosa avidez con que Picasso chupó el contenido del erizo y creo que Barceló tiene la misma capacidad de absorber por completo algunas criaturas marinas, hasta el punto de comérselas.»

 

 Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.192

La jaqueta de Léger

Fernand Léger

Fernand Léger (Argentan, Normandia, 4 de febrer de 1881 – Gif-sur-Yvette, 17 d’agost de 1955)

Ens va donar els regals. A la mare, una bossa elegant per anar al teatre. Per a la Lena, un joc de cosmètics. Per a mi va treure una jaqueta de pana vella.

Sincerament, estava una mica desconegut. La jaqueta necessitava clarament una rentada i un repàs. Els colzes estaven lluents. Hi faltaven botons. Vaig veure taques de pintura a l’oli al coll i a la màniga.

Fins i tot vaig pensar que m’hauria d’haver portat un bolígraf. Però vaig en veu alta:

—Gràcies, no calia que s’hi amoïnes.

No vaig poder cridar: «D’on has tret aquest parrac?»

La jaqueta era vella, realment. Si ens hem de creure els cartells russos, els aturats americans porten jaquetes d’aquestes.

La Txerkàssova em va mirar d’una manera estranya i em va dir:

—És la jaqueta de Fernand Léger. Feia més o menys la teva talla.

Vaig repetir, sorprès.

—Léger? En Léger?

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Sa Devesa de Farrutx

Mont Sainte-Victoire, Paul Cézanne, 1904-1906

A Miquel la montaña le recordó Saint-Victoire, la montaña en el sur de Francia que Cézanne pintó repetidamente y de la que Picasso fue dueño durante un tiempo cuando vivió en una gran château al pie de la montaña.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.125

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Lo impone la realidad

Guernica, Pablo Picasso, 1937

No se opta por lo feo. Lo impone la realidad, como muestra la anécdota de Picasso narrada por Adorno: «Le visitó en su estudio un oficial de las tropas de ocupación alemanas y, señalando al Guernica , le preguntó: ‘¿Lo ha hecho usted?; a lo que, al parecer, Picasso contestó: ‘No, usted’».

La forma de lo bello, Remo Bodei, p.144

Gesto de Picasso

Retrat d’una ballarina espanyola, Joan Miró, 1921

Según Ferran [Ferran Cano], Miró le contó que una vez Picasso lo visitó en su estudio y se quedó asombrado por un cuadro en particular, Retrat d’una ballarina espanyola. Picasso se lo quiso llevar. Le dijo a Miró que, a cambio, podía ir a su taller y elegir cualquier cuadro. Podría venderlo y vivir del dinero durante un año. Picasso se llevó el Miró, y ahora es una de las pocas obras de la colección personal de Picasso expuesta en el Musée Picasso de París. A Miró, sin embargo, el intercambio le pareció tan injusto que nunca fue al taller de Picasso a reclamar el cuadro que le correspondía.

Porque la vida no basta, Michael Damiano, p.52