El decálogo de la novela policíaca, según Raymond Chandler

Author Raymond Chandler in His Study

1. La situación inicial y el desenlace deben tener unas motivaciones verosímiles.
2. No deben cometerse errores técnicos respecto a los métodos del crimen y de la investigación.
3. Los personajes, el ambiente y la atmósfera deben ser realistas. Hay que referirse a personas reales en un mundo real.
4. Además del elemento de misterio, la intriga debe tener un cierto peso en tanto que argumento.
5. La sencillez fundamental de la estructura debe ser suficiente como para admitir una fácil explicación cuando el momento lo exija.
6. La solución del misterio no debe escapar a un lector razonablemente inteligente.
7. Cuando se revela la solución, esta debe parecer inevitable.
8. La novela policíaca no debe intentar hacerlo todo a la vez. Si se trata de la historia de un enigma que funciona a un nivel mental elevado, no podemos convertirla también en una aventura violenta o apasionada.
9. Es preciso que de una manera u otra, y no necesariamente a través de los tribunales de justicia, el criminal reciba su castigo.
10. Es necesaria una cierta honestidad con el lector. El lector acepta que lo engañen, pero no con una tontería.

 Raymond Chandler, Apuntes sobre la novela policíaca (1949).

Marlowe xerra amb Chandler

Humphrey Bogart llegint The Big Sleep

Humphrey Bogart llegint The Big Sleep

Raymond Chandler, en Llarg adéu (1953), recrea aquesta conversa entre el seu detectiu protagonista Philip Marlowe i un escriptor de fama:

»— En la meva professió (diu l’escriptor), és molt fàcil estressar-se i sentir-se encarcarat i incòmode. Aleshores, el que escrius no serveix de res. Quan és bo, no costa gens. Tot el que hagi sentit o llegit en contra és pura xerrameca.

»—Potser depèn de qui sigui l’escriptor —vaig dir—. a flaubert no li resultava gens fàcil escriure, però el que produïa era bo».

Com escric. Les regles del Joc, Andreu Martín, p.175

El olvido de Chandler en el sueño eterno

Raymond Chandler trabajando con su secretaria en Los Ángeles

Raymond Chandler trabajando con su secretaria en Los Ángeles

¿Que se te ha olvidado atar un cabo importante de la trama? ¿O todo un personaje, como le pasó a Raymond Chandler? (Cuando le preguntaron por el chófer asesino de El sueño eterno, Chandler, que se tomaba sus copitas, contestó: «¡Ah, ése! Es que se me olvidó.»)

Mientras escribo, Stephen King, p.171

Maestros de la descripción, según Stephen King

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La clave de una buena descripción empieza por ver con claridad y acaba por escribir con claridad, mediante el uso de imágenes frescas y un vocabulario sencillo. En ese aspecto, mis primeros maestros fueron Chandler, Hammett y Ross MacDonald, y es posible que mi respeto por la fuerza del lenguaje descriptivo compacto aumentara al leer a T. S. Eliott y W. C. Williams (como en La carretilla roja, con su contraste entre ésta y las gallinas blancas).

Mientras escribo, Stephen King, p.140

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El detectiu real

Breu aparició de Raymond Chandler en una escena de "Double Indemnity" (Perdición) de Billy Wilder, 1944

Breu aparició de Raymond Chandler en una escena de “Double Indemnity” (Perdición) de Billy Wilder, 1944

Ell mateix [Raymond Chandler] ens va dir a El senzill art d’escriure: «L’únic detectiu privat que vaig conèixer personalment me’l va portar a casa una nit un advocat amic meu. Havia estat detectiu de la policia de San Diego durant disset anys. Em va impressionar com a paio pedant i no gaire escrupolós. El detectiu privat de la ficció és pura fantasia, i així és com ha de ser.

Com escric.Les regles del joc, Andreu Martín, p. 134

Todo el día

Raymond Chandler (Chicago, 22 de juliol de 1888 - La Jolla, Califòrnia, 26 de març de 1959)

Raymond Chandler (Chicago, 22 de juliol de 1888 – La Jolla, Califòrnia, 26 de març de 1959)

Raymond Chandler solía decir: «Cuando escribes una novela, la estás escribiendo durante todo el día, no sólo cuando te sientas detrás de la máquina de escribir. La escribes mientras te fumas un cigarrillo, mientras comes, mientras haces una llamada telefónica».

Lecciones de cine, Laurent Tirard p.213

Chandler como lectura

El asesino en la lluvia, Raymond Chandler, Editorial Bruguera, 1977

El asesino en la lluvia, Raymond Chandler, Editorial Bruguera, 1977*

Dispuesto a esperar la caída del sol en Santa María del Mar, había extraído de mi mochila el libro que estaba leyendo. Era un volumen de relatos de Raymond Chandler, uno de los escritores por los cuales, en esa época —y todavía hoy—, profesaba una sólida devoción. Sacándolos de los sitios más inimaginables, yo había logrado formar con ediciones cubanas, españolas y argentinas una colección de las obras casi completas de Chandler y, además de cinco de sus siete novelas, tenía varios libros de cuentos, entre ellos el que leía esa tarde, titulado Asesino en la lluvia. La edición era de Bruguera, impresa en 1975*, y, junto al relato que le servía de título, recogía otros cuatro, incluido uno llamado «El hombre que amaba a los perros». Dos horas antes, mientras realizaba el trayecto en la guagua hacia la playa, había comenzado el libro justo por ese cuento, atraído por un título sugestivo y capaz de tocar directamente mi debilidad por los perros. ¿Por qué, entre tantos posibles, yo había decidido llevar ese día aquel libro y no otro? (Tenía en mi casa, entre varios recién conseguidos y pendientes de lectura, El largo adiós, la que sería mi preferida entre las novelas del propio Chandler; Corre, Conejo, de Updike; y Conversación en la Catedral, del ya excomulgado Vargas Llosa, esa novela que unas semanas después me pondría a convulsionar de pura envidia.) Creo que había escogido Asesino en la lluvia con total inconsciencia de lo que podía significar y simplemente porque incluía aquel relato donde se narra la historia de un matón profesional que siente una extraña predilección por los perros.

El hombre que amaba los perros, Leonardo Padura, p.72

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