Dientes de león

Pero hay otras cosas que se pueden comer.

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

Prado en flor con trocos y diente de León, Vincent Van Gogh, 1890

En primer lugar, los dientes de león. No tienes más que arrancarlos —raíz incluida—, sacudirles la tierra y llevártelos directamente a la boca.

 Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.141

Balance

Fotografía sin fecha de prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Fotografía sin fecha de prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau

Dos veces al día, mientras realizamos los ejercicios de castigo, el personal de los barracones los vacía completamente y lo tira todo a la calle, aprovechando para robar cuanto cae en sus manos. Y dos veces al día nosotros lo devolvemos todo a su sitio. Solo nos permiten comer por la mañana y por la noche.

Este es el balance con que acaba la semana: entre 70 y 80 muertos y un drástico descenso de las fuerzas y la vitalidad de los 1.500 sacerdotes que se alojan en los dos barracones implicados.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.133

Lo que supone no jurar lealtad al Führer

La población sudete recibe a las tropas nazis, octubre de 1938

Los últimos días de marzo corre por el campo la noticia del ingreso de diecisiete «policías» luxemburgueses que, al parecer, se han negado a jurar lealtad al Führer. Nos enteramos de que no les han rapado la cabeza y que se rigen por normas distintas a las nuestras; y, además, que cuando entregan sus ropas de ellas caen varios rosarios.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.127/128

Cubo sin asas

Sin título (El Cubo), Gerardo Delgado, 1981

Expiamos nuestro delito en la «mina de oro», es decir, metiendo el contenido de las letrinas en cubos y vaciándolos en el suelo delante del barracón.

Los cubos que nuestro prisionero jefe ha reservado para nosotros no tienen asas.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.126

Una caja de tornillos

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Al parecer nos vamos a la estación. ¿Y qué es lo que tenemos que transportar? Una carga de tornillos del tamaño de dos paquetes de cigarrillos.

Somos tan ingenuos que nos resulta incomprensible que para eso sean necesarios dieciocho hombres, más un guardia, más un remolque de cinco toneladas… Todavía no sabemos que a los prisioneros, a los guardias y al capo les está prohibido separarse ni un momento: una norma básica que rige para todos los comandos de trabajo externo.

De modo que nos ponemos a empujar el inmenso remolque con tan ligera carga chapoteando en el barro de la carretera que lleva a la estación para al rato regresar de nuevo. Poco a poco vamos perdiendo nuestra capacidad de raciocinio.

Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.115

Preaezifix, fábrica de tornillos

Dachau, Casa del guarda, a la derecha. la fábrica

Dachau, Casa del guarda, a la derecha. la fábrica

En el tiempo que media entre una y otra actividad, nosotros y nuestro vehículo nos ponemos a disposición de la fábrica de tornillos «Praezifix» de Dachau, donde llevamos a cabo labores de limpieza, aunque nuestra misión principal consiste en transportar máquinas y material desde la «antigua fábrica» de la población de Dachau hasta la «fábrica nueva» que están construyendo a las afueras. Por los dieciocho hombres, los tres SS y el remolque, la fábrica abona al campo la suma diaria de dos marcos y cuarenta pfennigs: eso es lo que vale nuestro trabajo.

Un Sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.113

Colección textil del museo de guerra

La entrada a Dachau

La entrada a Dachau

Cuando por fin llegan los rusos —trescientos oficiales, dicen—, apenas se los llevan y no se les vuelve a ver nunca más. Al día siguiente de su marcha nos entregan trescientos uniformes para que los desinfectemos y los rompamos en tiras que se guardan para la colección textil del museo de guerra.

 Un sacerdote en Dachau, Jean Bernard, p.97